Mumford, paleotécnica y las profesiones \ Mumford, paleotechnical and professions: re-reading Technique and civilization


Tener “movimiento para ir más lejos”, como dice Malebranche, es el carácter de la persona humana consciente de su vida pasada.  Una educación que sustituyera un verdadero aprendizaje por un adiestramiento profesional encerraría a cada individuo en un fatalismo social.

Gilbert Simond. en Prolegómonos para una reconstitución de la enseñanza

Estudiando el carbón, encontramos el maravilloso libro de Lewis Mumford Técnica y civilización (emecé, 1945). Allí propone la designación del período articulado por este combustible fósil, como período paleotécnico.

Mumford describe la articulación del vapor, con el hierro y el carbón, en una agitada vida de ciudades marcadas por humo, hollín y oscuridad. Como la Lota de fines del siglo XIX, con sus minas, sus trenes, sus fábrica de ladrillo y cerámicas, su fundición de cobre.

Mumford se desplaza de la técnica a la política, describiendo los rasgos obsolescentes del marxismo, marcado conceptualmente por algunas manifestaciones paleotécnicas de superficie.: “en los términos de la lucha de clases, no habia manera de preparar al trabajador para los resultados finales de su conquista. La lucha en sí misma era una educación para la guerra, no para la dirección y la producción industrial”. Incluye entre los efectos mas perniciosos de la paleotécnica, la destrucción del medio ambiente, junto con la degradadción del trabajador y la vida miserable.

Mumford considera sin embargo un aspecto de signo opuesto: la compensación estética. “Turner fue quizás el primer pintor que absorbió y expresó directamente los efectos característicos del nuevo industrialismo”.

Para Mumford: “La falta de sol, la falta de color, la inanición dentro de las ciudades industriales era lo que incitaba a buscar escenas rurales y estimuló el arte de la pintura paisajista…Van Gogh conocía toda la lobreguez de la ciudad paleotécnica: el Londres sucio y alumbrado a gas del año 1870. También conocía las fuentes de sus obscuras energías, lugares como las minas de La Borinage”

Su esbozo de un período neotécnico no significa que el paleotécnico sea un periodosuperado:

“Aun cuando por razones de conveniencia he hablado de la fase paleotécnica en tiempo pasado, seguimos viviendo en esa fase y los métodos y hábitos de pensamiento que ha producido siguen rigiendo todavía a una gran parte de la humanidad. Si no son suplantados por otros, la base misma de la técnica puede ser minada, y podremos volver a caer en la barbarie con una rapidez que estará en proporción directa con la complicación y el refinamiento de nuestra herencia tecnológica actual”

Quizás nuestro problema principal resida en esos hábitos de pensamiento carboníferos, mientras la realidad vital del planeta ya no puede ser comprendida por un intelecto que funciona como si todo fuera un  ciclo energético, de recursos y externalidades, suciedades, expoliaciones e irresponsabilidad.

La clave de la profundidad con que Mumford logra captar el carácter de nuestra época, que para muchos aún pasa desapercibido, quizás resida en la cita con que iniciamos esta entrada. Munford no vivió en las estrechas mentalidades profesionales, más bien volvió las espaldas a ellas.

Coger los signos del presente es movernos de la historia a la política, y también a las artes y por supuesto, a las técnicas y las ciencias. ¿Qué profesión o qué universidad dicta una carrera o un posgrado que permita desplazarnos con ligereza y soltura?

No nos sorprendamos pues de que el texto de Mumford sea de una actualidad  tan poderosa. Su movimiento  también es para ir más lejos.

Los dibujos del Volcán Calbuco

Julio 30, 2017

El último sábado de julio, tal vez el más frío de la temporada, a 30 kms. del Volcán Calbuco emprendemos marcha por el mismo camino de tantas veces. El Volcán está ahí, pero no es el mismo.

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Cada vez que lo visitamos tiene algo nuevo que revelar, algún metamorfismo o nuevas alianzas con los muchos otros cuerpos que lo componen.  Las aguas se ordenan en geometrías sorprendentes en cada una de las pequeñas pozas que van quedando entre las rocas. Trazan las superficies con líneas curvas, aguzadas espinas, círculos excéntricos sobre otros círculos. Las formas orgánicas dominan lo aparentemente inorgánico.

Más arriba la nieve empieza a mostrar manchones en medio del bosque. Lo que estuvo nevado hace un mes, hoy es verde nuevamente y algunos hongos siguen su húmeda existencia en el frío invierno.

Al llegar a las rocas, el blanco invernal se despliega por todos lados. El volcán muestra las líneas de su superficie irregular. La belleza del Calbuco es ser como ningún otro, con una geometría abigarrada. Un objeto singular que pide un conocimiento singular, caminatas de invierno tras una noche despejada, para desplegar su escarcha, sus hielos y su nieve.

La imagen del volcán plenamente nevado, el azul blanco alisando y dando nueva forma a sus quebradas. El sol benigno hasta quemarnos sobre las rocas. El bosque invernal guardando frío y humus.

Recién pasado el mediodía algunos chucaos se atreven a cruzar el camino. Los carpinteros desde lo alto del enramado cuchichean sobre nosotros.

Las piedras han renovado el paisaje una y mil veces. La erupción del 22 de abril del 2015 arrasó con su lahar la actividad de la piscicultura que bebía del río blanco.

Una estructura destartalada de latas y plásticos, embancada en arena y enormes rocas permanecía a la orilla del río. Poco a poco nalcas, hongos y pastos empezaron a revivir entre la basura industrial. En junio de este año la operación de limpieza ha reducido a pequeños restos las señas del centro. Un nuevo paisaje nos acompaña este día. La arena de pequeños trozos de piedra volcánica dibuja nuevas planicies, reordena el lecho del río, las riveras, y permite la erupción de un avellano diminuto en medio de la tefra.

 

Carbón: humos y miradas en el S. XIX Chileno.

Mujeres con sacos de carbón. Vincent Van Gogh, 1882. Borinage, Bélgica

A principios de los años 40 del siglo XIX se inician las primeras explotaciones carboníferas
en Talcahuano (Las Vegas 1841 y Los Morros 1842), marcando la entrada de Chile en el uso de
combustibles fósiles. El primer demandante de carbón mineral fue la navegación a vapor. Pronto se agregó el ferrocarril, en la línea que conectaba los minerales de plata de Copiapó con el puerto de Caldera en 1852 y el despliegue de vías a partir de la creación de una empresa estatal en 1859.
En las fundiciones de cobre el carbón es incorporado masivamente, cuando el mercado mundial enfrenta un incremento de precio del metal a partir de 1854 . En 1852 Matías Cousiño adquiere las minas de Lota y se transforma en el principal controlador de la industria (Ortega, 1982).
Humo y hollín, motores de vapor, velocidades y fábricas empiezan a dibujar un nuevo mundo,
con ciudades marcadas por la paleotécnica. La vida cotidiana, las percepciones, el orden de las
cosas se recompone. En el grano fino de los días aparece trazas y trazados de carbón mineral en los cielos, papeles y palabras.

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Espumas de Humus en librerías

Comenzando el nuevo año del hemisferio sur con nuestra nueva publicación “FUEGO, Salvajismo y Domesticaciones”, un Ensayo del historiador norteamericano de Stephen Pyne que propone mirar el fuego como algo biológico, a la vez que cultural y físico químico. http://humus-editores.cl/category/stephen-pyne/

Encuéntralos en Librería LOM (Biblioteca Nacional) y en la Librería del Gam, de Santiago de Chile. O escríbenos a nuestro mail: humus.editores@gmail.com

FUEGO, de Stephen Pyne, y ¿Es la Geo-logía el nuevo paraguas para todas las ciencias? del destacado filósofo francés Bruno Latour. http://humus-editores.cl/category/bruno-latour/

Entre un zorro, los robles y Vinciane Despret

La Campana, parque nacional. Junio 25 de 2017

En el nuevo año austral subimos a la Campana, un relicto rodeado de urbanismo y amenazadoras antenas y torres de alta tensión… la más alta tensión sobre unos canelos que viven en la quebrada cargada de aguas, los Nothofagus y este Culpeo que pone una mirada oblicua sobre nuestras siluetas fatigadas.

Bajamos con una cita de Vinciane Despret en las mochilas: seguir leyendo

 

 

 

Voyager

Voyager  Exploration, space and the third great age of discovery, Stephen Pyne 2010, Penguin Books. 444 págs.

El historiador del fuego nos dice que un par de gemelos robots lanzados al espacio en 1977 y aún vivos más allá del sistema solar, son parte de la tercera gran edad de descubrimientos.

¿Dónde quedó el fuego, el pleistoceno, el Gran Cañón?

Confesamos haber recién abierto el libro de Pyne, tras cerrar su libro Vision and Voice, una guía para escribir historia y otras no-ficciones serias. También después de una travesía de campo por Mehuín y Puerto Saavedra, copihues y pilguas a la orilla del camino rural, locomóviles y agua caliente regalada en San José de la Mariquina.

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64 años de la fotografía 51. Para una historia geológica y femenina de la ADN

Phtograph 51, Rosalind Franklin, 1952.

Hace 64 años en Nature 171 del 25 abril de 1953, se publicó A Structure for Deoxyribose
Nucleic Acid, una nota de dos páginas (pp 737-738), con sólo 6 referencias, junto a un paper
de M.H.F. Wilkins, A.R. Stokes y H.R. Wilson y otro de R. Franklin y R.G. Gossling.
La foto 51 acompañaba a este último artículo, titulado Molecular Configuration in Sodium
Thymonucleate.
La historia para escolares ha hecho célebre el primer artículo de Watson y Crick. Y el Nobel
de 1962 los favoreció junto a Wilkins. Rosalind Franklin había muerto de cáncer de ovario
en 1958, a los 37 años, pero fue su trabajo, sus críticas y sus fotos las que permitieron una descripción más adecuada de la molécula que venía intrigando a los genetistas.

Desde que en 1869, Johannes Miescher descubrió DNA, una molécula resistente a las pro-
teasas y rica en fosfato, algo intrigante había en su existencia. La llamó nucleína. Phoebus
Leven en 1919 identificó los nucleótidos en el DNA y su composición de (a) grupo fosfato,
(b) una deoxiribosa y (c) una base nitrogenada (Divan and Royds, 2016).
Oswald Avery en los 40 probó que el ADN era la molécula de la herencia, poniendo así
como de valor una estructura marginal, al lado de las estrellas de su tiempo, las proteínas.
La regla de Chargaff que probó la relación 1:1 entre A+G y C+T dejó una interrogante
para alinear el modelo basado en pares de bases.
Pero fue Rosalind Franklin quien cuestionó la estructura en que estaban pensando Wat-
son y Crick en noviembre de 1951, quienes ubicaban erróneamente el fosfato en el centro.
También fue Franklin quien señaló las cadenas de ADN y la que produjo las laboriosas
imágenes de difracción de rayos x sobre ADN que señalaban una estructura helicoidal en
mayo de 1952 (Mukherjee, 2016).
Ni Pauling en Caltech ni Watson y Crick en Londres lograron avanzar mas allá. Sólo cuando
en enero de 1953 Wilkins mostró a Watson la fotografía 51, una claridad empezó a emerger.
La historia del descubrimiento DNA, evento quizás a la altura de la mecánica cuántica por
su efecto transformador del mundo y la historia, es una narración de redes que aceleran las
masculinidad de los investigadores. También la historia de pequeños artículos que impac-
tan no por sus medidas de impacto. De los colectivos de investigadores, los ejercicios de la
imaginación y el placer.
En estos días de marchas por las ciencias, la estructura del DNA nos recuerda que no es
lamentando la falta de pertinencia como se hace la ciencia, sino produciendo hechos nuevos.
Porque la aparición fulgurante del DNA es un momento en que la vida se vuelve cristalina,
geológica, difractiva, molecular. Es el comienzo de la tierra como marca esencial de la vida,
de una cosmología en que estos cristales vivientes son la señal mas íntima de nuestra unidad
con la tierra.                                          Humus editores
Referencias
Divan, A. and Royds, J. (2016). MOLECULAR BIOLOGY A Very Short Introduction.
Oxford University Press, Oxford.
Mukherjee, S. (2016). THE GENE An Intimate History. Scribner, New York.

Nature 171 del 25 abril de 1953

April 2003 marks the 50th anniversary of the discovery of the double helix structure of DNA, a breakthrough that would have been impossible without the work of the brilliant molecular biologist Rosalind Franklin, shown in her Paris lab in this undated promotional photo for PBS’ “NOVA” presentation, “Secret of Photo 51.” The documentary, which airs on Tuesday, April 22, 2003, investigates Franklin’s life and her contribution to one of science’s greatest discoveries. (AP Photo/WGBH, Courtesy the American Society for Microbiology)