Manos a la humus

manosa

Estamos trabajando en una versión chilena de una reciente conferencia de Bruno Latour. Esperamos pronto esté circulando como parte de nuestras publicaciones.

Este esfuerzo intenta algo más que reparar, pero algo menos que revolucionar la tensa calma de ideas de este mar interior, que sobradamente puede ser una Critic Zone, como las que él propone .

Mientras el planeta se calienta y nuestro territorio se perturba, el pensamiento parece acercarse a su punto de congelación y las universidades se torremarfilizan hasta la fractura.

Buscamos reparar la ausencia total de versiones editadas localmente de alguna de la profusa obra de este filósofo francés devenido etnógrafo, devenido sociólogo, devenido político. Deuda que no ha impedido su influencia en las ciencias sociales y algunos vehementes científicos, sobre todo de las nuevas generaciones y tesistas.

Pero además intentamos ponernos en debate sobre la violenta entrada de la naturaleza en política y los estupores correspondientes.

Si el 2008 el volcán Chaitén sacudió la política local, el 2015 la erupción del Calbuco consumió con sus lahares, cenizas y evacuaciones la vida del gobierno. Anticipaciones que probaron la necesidad de ciencias locales para la política. En abril-mayo de este año, un florecimiento algal de marea roja, estremeció la región. Caminos tomados, huelgas de funcionarios públicos, bonos a pescadores, fueron las herramientas clásicas para intentar manejar una crisis ni siquiera husmeada.

La mayor intensidad del debate se concentró en la explicación causal. Por un lado las responsabilidades políticas de los gobiernos, y por supuesto, una actividad salmonera de regulación minimalista. La combinación de ambas cuestiones se condensó en la identificación causal por parte de muchos ciudadanos y organizaciones no gubernamentales, en el vertimiento de 4655 toneladas de salmones muertos al noroeste de Chiloé en marzo de este año. Por el lado de los investigadores locales, la hipótesis más probable fue vinculada al cambio climático.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Nadie centró la cuestión en el calentamiento oceánico ni en el Antropoceno. En ambos lados de la controversia, un problema específicamente local o demasiado generalista.

Esta conferencia y esta traducción tienen para nosotros el desafío de proponernos la tarea de encontrar otro abordaje a problemas como el ocurrido, que estamos seguros, continuarán. Abordajes que combinen ciencias naturales, sociales y arte, en la construcción de un mundo común. En ese sentido, esta edición es profundamente situada, porosa y móvil.

Bruno Latour, que estuvo en noviembre del 2014 en Chile invitado por puertoideas, ha sustentado su producción en un implacable cuestionamiento de los modernos. Se trata sin embargo de un amante de las ciencias y la tecnología, de un cristiano que no se averguenza de su fe y que es capaz de estudiarla con la misma seriedad con que estudia el diseño de un sistema automatizado de transporte o un laboratorio de releasing factors o el Consejo de Estado en Francia.

Su sitio es un generoso despliegue de sus textos y a él remitimos al lector interesado (http://www.bruno-latour.fr/),. Allí encontrarán muchos de sus artículos, marcados por una luminosa pluma, un humor impregnado de ludismo y lo mejor de los tres optimismos posibles: el del técnico que sabe que finalmente resolverá el problema, el del artista, que confía en el valor de su gesto y del humanista, que aunque eso “humano” siempre termina excediendo su preconcepto, encuentra allí la poesía necesaria para que la vida prolifere.

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