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Hay fuegos en la vida tan fuerte yo no sé …como del odio de Dios

Imagen: autorizada por su autor Gonzalo Espinosa Menéndez. 200 x 90 cms. Sin título.

Introducción
En una semana el fuego, ese elemento primordial relegado al olvido por las facultades y las
disciplinas, ha reingresado abrupta, masiva y dramáticamente a nuestras vidas. Los satélites ya no muestran ríos, oceános, desiertos, sino humaredas interminables que se interponen en su registro (AA, 2016) , la política entra en régimen de fuego y rumores racistas, xenófobos y expiatorios recorren la web.
Como muestra de esta desatención, Stephen Pyne dice que el único departamento de fuego en
una universidad es el que despacha vehículos de emergencia cuando suenan las alarmas (Pyne,
2012, p.13). Los únicos Ministerios del fuego que nos devuelve Google son iglesias apocalípticas.
De un lado, brusca y enorme presencia. Del otro, gran olvido.
Algo huele muy mal en nuestras epistemologías mayoritarias cuando la zona de ceguera tiene tal magnitud y tantas implicancias.
Los hechos
Los hechos son conocidos. Si lo miramos como un fenómeno estadístico, no se trata de una
serie estocástica, pues el movimiento de las cifras no ha sido asunto ni de azar ni de tendencias.
En una semana la superficie quemada de la región de O’Higgins alcanzó 40 veces el promedio
de los últimos 5 años. No hay gráfico ni serie de tiempo que lo describa adecuadamente. Para
Maule, 24 veces, 9.44 para la Región Metropolitana y 10.5 para el promedio país.
Un hecho nuevo, súbito. Pero no inesperado. En el año 2014, un artículo de Nature nos llamaba
a aprender a coexistir con los incendios forestales: “En las dos décadas pasadas, los incendios forestales han crecientemente afectado valores humanos, bienes y ecosistemas…Examinar los problemas relacionados con el fuego en el contexto de sistemas socioecológicos acoplados (SESs), que reconocen explícitamente los vínculos entre humanos y su ambiente natural, entrega visiones para lograr una coexistencia más sustentable con los incendios forestales”(Moritz et al.,2014).
Aunque ya el año 2009, en Science se escribía: “En las década pasada, una oleada en la incidencia de fuegos grandes y descontrolados ha ocurrido en todos los continentes con vegetales, independientemente de las capacidades de lucha contra el fuego o las tácticas de manejo …existe una seria falta de conocimiento acerca del rol fundamental del fuego en los procesos del sistema Tierra, así como una insuficiente apreciación de la interacción del fuego con el cambio global antropogénico” (Bowman et al., 2016)
Visiones del fuego
Se hace imprescindible una recomposición epistemológica del fuego y de la actualidad, para
coexistir con él. Habrá que reconocer que el fuego ha venido a recordarnos que se han dislocado las escalas que alimentaban nuestro embobamiento con las tendencias, que han colapsado las separaciones entre naturaleza y sociedad, y las pequeñas causas engarzadas con pequeños efectos versus las grandes causas alineadas con los grandes efectos.
Habrá que recuperar la primordialidad del fuego. Por lo pronto, Pyne ha propuesto entender el
fuego en una triple mirada: como fenómeno físico, como fenómeno biológico y como fenómeno cultural (aunque él usa la expresión paradigma, intentando evitar la ira de Kuhn).
Quizás lo que más acomode al fuego sea la imagen biológica. El fuego aparece hace 430 millones de año en la tierra, sólo porque la fotosíntesis produce moléculas de hidratos de carbono que pueden arder. El fuego vive en una ecología:
Fire ́ s ecology is not simply the record of disturbance by mechanical forces acting
on a biological medium but a propagation through a biotic medium. Wind, ice,
debris flows, floods – all can occur without a particle of life present; fire cannot. It
literally feeds upon biomass, more resembling an outbreak of bark beetles or SARS
than a windstorm or a glacier. The expression that such-and-such a disease spread
like wildfire could be restated to read that such-and-such a fire spread like a disease,
a contagion of combustion. Life need not simply adapt to fire: it breeds, nurtures,
and shapes fire. Fire becomes less a mechanical force that impinges on ecosystems
so much as an organically informed process that manifests itself in such physical
expressions as heat and light.(Pyne, 2007)
El fuego se empieza a apagar en estos días como se acaban las epidemias: porque los susceptibles ya se han contagiado todos.
Antropoceno y la causalidad humana
Si la metáfora funciona, entonces la ecología del fuego se aproxima a la ecología de los hu-
manos. De alguna secreta manera los que asocian sólo a los humanos como agentes causales del fuego, bajo la forma de los extranjeros, los mapuches o los delincuentes, dicen algo cierto. Sólo que no en la forma lineal, estigmatizadora e individualizante de su relato: la humanidad como agente geológico en el sistema tierra, o sobre la delgada capa planetaria donde ocurre el humus o la vida, es la principal fuerza rectora. Los incendios son causados por el hombre, pero a través de intrincadas redes que enlazan la economía, los combustibles fósiles, los regímenes legales de apropiaciones (exclusiones) de la tierra y del agua, el ciclo del fósforo y nitrógeno, la introducción de especies exóticas, los monocultivos, las exterminaciones masivas, el uso de pesticidas, el ciclo de carbono, la corriente de El Niño (ENSO), los usos y desusos del suelo. Los fuegos alcanzan esta dimensión eruptiva, porque estamos en la época geológica en que la fuerza de los humanos se ha tornado geológica, eruptiva, incendiaria.
Si los humanos nos movemos en una ecología parecida a la del fuego, entonces somos nosotros los que alimentamos el fuego, lo hacemos crecer y lo transformamos. Por eso, vivir sin fuego, encerrando la combustión en cámaras cerradas, usando sólo combustibles fósiles, encerrando en parques la biota, protegiéndola del fuego salvaje, es una utopía que también produce sus gulags y sus mares Aral.
Que la política comprenda de biología y geología parece difícil. Pero los gobernantes han de sa-
ber que también moramos con ellos en el sistema tierra. Y que aquel que ignore las reglas básicas de convivencia de su ecología, ha perdido las señales mínimas en que se basa su existencia.
Discusión
El Antropoceno es un período geológico incierto. Las llamas recortan y trazan la imagen de
la nueva época con crudeza, agudizan sus rasgos. El Antropoceno es también un período epistemológicamente nuevo, en que nuevos órdenes del mundo han de reconocerse para comprender el presente. Uno de ellos, es el orden del fuego. Conocer el fuego, la manifestación de un salvajismo propio de la vida y propio también de nosotros, podría servir para iniciar epistemologías más acorde con la realidad o la tierra, que podrían llegar a significar casi lo mismo.
Referencias
AA (2016). https://worldview.earthdata.nasa.gov/.
Bowman, D., Balch, J., Artaxo, P., Bond, W., Carlson, J., Cochrane, M., Antonio, C. D., De-
Fries, R., Doyle, J., Harrison, S., Johnston, F., Keeley, J., Krawchuk, M., Kull, C., Marston,
B., Moritz, M., Prentice, C., Roos, C., Scott, A., Swetnam, T., van der Werf, G., and Pyne, S.
(2016). Fire in the earth system. Science, 324(5926):481–484.
Moritz, M., Batllori, E., Bradstock, R., Gill, M., Hessburg, J. H. P., Leonard, J., McCaffrey,
S., Odion, D., Schoennagel, T., and Syphard, A. (2014). Learning to coexist with wildfire.
Nature, 515:58–65.
Pyne, S. (2007). Problems, paradoxes, paradigms: triangulating fire research. International
Journal of Wildland Fire, 16:271–276.
Pyne, S. (2012). Fire. Nature and Culture. Reaktion Books, Londres.