Los dibujos del Volcán Calbuco

Julio 30, 2017

El último sábado de julio, tal vez el más frío de la temporada, a 30 kms. del Volcán Calbuco emprendemos marcha por el mismo camino de tantas veces. El Volcán está ahí, pero no es el mismo.

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Cada vez que lo visitamos tiene algo nuevo que revelar, algún metamorfismo o nuevas alianzas con los muchos otros cuerpos que lo componen.  Las aguas se ordenan en geometrías sorprendentes en cada una de las pequeñas pozas que van quedando entre las rocas. Trazan las superficies con líneas curvas, aguzadas espinas, círculos excéntricos sobre otros círculos. Las formas orgánicas dominan lo aparentemente inorgánico.

Más arriba la nieve empieza a mostrar manchones en medio del bosque. Lo que estuvo nevado hace un mes, hoy es verde nuevamente y algunos hongos siguen su húmeda existencia en el frío invierno.

Al llegar a las rocas, el blanco invernal se despliega por todos lados. El volcán muestra las líneas de su superficie irregular. La belleza del Calbuco es ser como ningún otro, con una geometría abigarrada. Un objeto singular que pide un conocimiento singular, caminatas de invierno tras una noche despejada, para desplegar su escarcha, sus hielos y su nieve.

La imagen del volcán plenamente nevado, el azul blanco alisando y dando nueva forma a sus quebradas. El sol benigno hasta quemarnos sobre las rocas. El bosque invernal guardando frío y humus.

Recién pasado el mediodía algunos chucaos se atreven a cruzar el camino. Los carpinteros desde lo alto del enramado cuchichean sobre nosotros.

Las piedras han renovado el paisaje una y mil veces. La erupción del 22 de abril del 2015 arrasó con su lahar la actividad de la piscicultura que bebía del río blanco.

Una estructura destartalada de latas y plásticos, embancada en arena y enormes rocas permanecía a la orilla del río. Poco a poco nalcas, hongos y pastos empezaron a revivir entre la basura industrial. En junio de este año la operación de limpieza ha reducido a pequeños restos las señas del centro. Un nuevo paisaje nos acompaña este día. La arena de pequeños trozos de piedra volcánica dibuja nuevas planicies, reordena el lecho del río, las riveras, y permite la erupción de un avellano diminuto en medio de la tefra.

 

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