El fin de los recursos y el retorno de la recursividad

Hemos dividido el mundo en dos porciones. Una, recursos. Otra, todo aquello que no lo es.

Los recursos se descubren, se explotan y luego se agotan, se extinguen, se consumen, desaparecen. Una frenética actividad en pos de recursos nos mueve por la tierra, moviliza y nos desplaza. En ese movimiento construimos pueblos y ciudades, los abandonamos, excavamos, vaciamos, bombeamos, aislamos, enterramos, extraemos. Son parte de nuestra vida y sus devenires son los nuestros.

La otra porción no es visible y parece estar fuera de la historia.
Los recursos son como la glándula pineal de la dicotomía natural/social. Así como Descartes y
la contemporánea teoría del stress conectan objetivo con subjetivo, mediante los efectos de esa
glándula, los recursos son la vía de comunicación entre lo salvaje y nuestra vida civilizada.
Pero hay algo errado en esa dicotomía. Todo lo que deviene recurso, se agota. Pero no desaparece.
Persiste como residuo, basura, desecho, escombro. Esa recursividad habita en los
recursos, que los vuelve persistentes.
Lo salvaje que pareciera el puro reino de lo recursivo, la presencia constante, la permanencia incuestionable, se vuelve frágil.

Rachel Carson mostró como una molécula de síntesis –el DDT– hacía silenciar la primavera. La
eclosión del huevo y la voz de los polluelos en los bosques de norteamérica, el ciclo recursivo del nacimiento primaveral año a año, se interrumpió a principios de los 60′ por la no desaparición del pesticida órgano clorado y su daño de la molécula del calcio de la cáscara. Los recursos ya no podían seguir ocultando su cara recursiva.
Es el fin de los recursos y el retorno de la recursividad.

La extinción es el destino de los recursos. Se trata, sin embargo, de extinciones de mundos, de especies, de lenguas, de metafísicas, de metáforas, de diferencias. Las extinciones son reducciones de mundos, aplanamientos de pliegues, monotonía de ideas.

Bartleby o Moby Dick señalan la misma recursividad. La respuesta del escribiente que dice “preferiría no hacerlo” es también la imposibilidad de captura de la ballena. La ballena que no logramos transformar en recurso, el oficinista que no logramos hacer ni taylorista, ni fordista ni fayolista. La recursividad que persiste. El recurso que se agota.

La antropología de un modo particular ha mirado a los indios como un recurso. Siempre al borde de la extinción. Como abismo que separa al animal de los humanos, los indios son un monstruo híbrido, también una cuerda tendida sobre el abismo. Una cuerda abismal, plena de canibalismo, de incesto, de poligamia, una barbarie que no encuentra sitio ni en la animalidad ni en la humanidad. El ascenso positivista requiere una estación de paso subterránea, el hundimiento transitorio en una zona que no está ni en las leyes naturales ni en las convenciones sociales (Despret, 2002).

Su pronta extinción es la sentencia performativa de la antropología. No sólo su justificación y
sentido –dejar registro de estas últimas manifestaciones– como ciencia. Hay en la mención recursiva a la próxima extinción de los sujetos en estudio, la necesidad de salvar el abismo pronto, de resolver la indecidibilidad de lo indio, de que una ley natural como las enfermedades de huésped virgen o una ley social, como la civilización, la reducción, las ropas, la casa occidental, terminen por suprimir su existencia híbrida.

En Gusinde está la permanente oscilación india entre el ovejero o carpintero y el salvaje. Las ropas van y vienen en las fotos (Gusinde, 2015). En Fitz Roy y Darwin, el ir y venir
del ir entre Londres y Tierra del Fuego. Fuegia York, Jemmy Button, York Minster (Fitz-Roy, 2013; Darwin, 1942). Los zoológicos humanos también transitan entre ambos mundos. La caza de los selk’nam cruzada de polémicas. Los indios son un recurso de animalidad, una recursividad de civilización. La animalidad pronta a extinguirse, la civilización a sostenerse.

Pero el sentido opuesto también existe. La civilización es recurso total. Los indios deben volverse ovejeros, mineros de carbón, carpinteros. Profesiones transitorias que luego se extinguirán para dar paso a otras: trabajadores del petróleo, emprendedores del mundo artesanal y originario. La animalidad/indianidad se vuelve recursiva, como la imagen misma de la hélice de DNA. Se enrosca sobre sí misma y se vuelve a plegar en las mitocondrias maternas que rastrean la indianidad americana a lo largo de 15 mil años o más (de Saint-Pierre et al., 2012).

Referencias
Darwin, C. (1942). Viaje de un naturalista alrededor del mundo. Librería El Ateneo, Buenos
Aires.
de Saint-Pierre, M., Bravi, C.,Motti, J., Fuku, N.,Tanaka, M., Llop, E., Bonatto, S., andMoraga,
M. (2012). AnAlternative Model for the Early Peopling of Southern South America Revealed
by Analyses of Three Mitochondrial DNA Haplogroups. PLOS one, 7(9):1–12.
Despret, V. (2002). Quand le loup habitera avec L0 Agneau. Les empêcheurs de penser en rond,
Paris.
Fitz-Roy, R. (2013). Viajes del Adventure y el Beagle. CATARATA DIBAM Centro Investigaciones
Barros Arana UACH UNAM CSIC,Madrid.
Gusinde, M. (2015). Expedición a la Tierra del Fuego. Editorial Universitaria, Santiago, primera
reimpresión de la tercera edición edition.

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