Un evento de biología algal marina, otro de agronomía y brigadas contra el fuego forestal y el tercero, de glaciología. Los tres en menos de dos años. ¿Es posible conectarlos, trazando una línea entre su carácter local, pero con efectos globales?

Habría que unir el orecimiento algal de marea roja entre febrero a junio del año 2016 que comprometió Chiloé y las regiones de Los Lagos y Los Ríos, los incendios forestales de enero del 2017 que arrasaron más de 500 mil hectáreas en la zona centro sur del país y el aluvión que destruyó Villa Santa Lucía, en la provincia de Palena, el 16 de diciembre del 2017. Cada uno de ellos delimitado en principio a una zona precisa, a una causa local y con efectos sobre un área delimitada.

En el esfuerzo de contactar los eventos en un razonamiento común, es necesario dar un paso epistemológico que sobrepasa las distinciones entre seres vivos y no vivos o la práctica disciplinar que separa su estudio en distintas ciencias.Ola visión aún más modesta y común, que razona separadamente acerca de lo que ocurre entre humanos de aquello que sucede entre los no humanos, usando criterios de valoración y juicio diferentes.

Estos eventos expresan la combinación de efectos de niveles y ámbitos que ya no resultan distinguibles con tanta precisión. Geología y biología, metereología y oceanografía, bioquímica y antropología, local y global, micro y macro, social y natural.

La amplia mayoría ya reconoce en las crecientes concentraciones de carbono atmosférico, uno de los hilos vinculantes de estos acontecimientos. Como muestra el más reciente cálculo de emisiones de dióxido de carbono, los niveles crecientes de consumo de combustibles fósiles (antropogénico en su totalidad) son el principal responsable del incremento medio de las temperaturas del planeta.

Aplicando al año 2016 la ecuación,
EFF + ELUC = GATM + SOCEAN + SLAND + BIM (1), el equipo de investigadores coordinado por Corinne Le Quéré (Le Quéré et al., 123), calculó para el año 2016, cifras que hablan de un crecimiento de las emisiones de un un 2 %. Los números de la ecuación son los siguientes:
9;9 + 1;3 = 6;1 + 2;6 + 2;7 – 0;3

Los actuales niveles de dióxido de carbono atmosférico de 406.82 partes por millón (ppm) en diciembre 2017 (NOAA, 2018), los más altos en los últimos seis millones de años, han provocado un trastorno climático que constituye un verdadero acontecimiento en la historia geológica del planeta. Como referencia digamos que en 1750 la concentración estimada fue 277 ppm.

Incremento medio de temperatura planetaria, no registrados en los últimos 1700 años a lo menos, incrementos de los extremos térmicos, sobre todo en las cifras superiores. Precipitaciones que han aumentado en frecuencia e intensidad. Como efecto de los niveles elevados de CO2, los océanos han absorbido calor y dióxido de carbono, provocando un aumento de temperatura de 0.7 grados celsius en la estimación 1900-2016 y su nivel medio ha subido 16-21 cm en ese mismo período, junto con una acidificación creciente, inédita en los últimos 66 millones de años (USGCRP Climate Science Special Report: Fourth National Climate Assessment, 2017) y un descenso en los niveles de oxígeno en islas, estuarios y zonas costeras.

Los hielos de los glaciares vienen retrocediendo así como el permafrost. Este último es una reserva de CO2, de modo que su derretimiento provoca una liberación del mismo a la atmósfera. El retroceso del ártico en las mediciones del mes de septiembre es de un 13.3% por década. Para el 2040 es esperable que el verano ártico encuentre un océano sin hielos de supercie.

Estas cifras cobran expresión sensible cuando se vuelven avasalladoras. Para los casi 300 habitantes de la Villa Santa Lucía, la catástrofe de diciembre ha sido sin la precedencia de signos de alerta. Tras la visita de los geólogos de SERNAGEOMIN, ellos mismos reconocen haber escuchado ruidos procedentes de la montaña. Sonidos poco interpretables en una zona en que los estudios geológicos son limitados y en que la tradición en estudio y manejo de glaciares es desconocida, del mismo modo que la información de países vecinos respecto de desastres semejantes no es fácilmente accesible. Sin embargo, la catástrofe de Villa Santa Lucía tiene muchos signos comunes con la destrucción del pueblo de Huaraz el 13 de diciembre de 1941(Carey, 2014).

Se trata de eventos que se conectan más allá de la sincronicidad climática de algunos parámetros atmosféricos, del suelo u oceánicos. Es nuestra actualidad la que se ha vuelto terrestre. Es el planeta el que pasa a un primer plano del presente. Pero un planeta que no es posible cuidar bajo la consulta parcelada y secuencial de especialista tras especialista.

Las cifras de CO2 atmosférico han conrmado que al menos en la tierra, geología y biología están estrechamente vinculados. Las cifras de dióxido de carbono proceden de la actividad de los seres vivos. La vida planetaria es la responsable de que seamos un planeta oxigenado y viviente y hoy, como en una paradoja descoyuntada, de que una especie predomine avasalladoramente sobre las otras, arriesgue su propia sobrevida, en un juego de consumo, crecimiento y desechos.

La denominación de lo que está ocurriendo frente a nosotros, requiere que la conexión de estos eventos en la producción de un acontecimiento se exprese con fuerza vinculante. La acción a la que somos llamados, requiere que la palabra cambio, tan malograda por la modernidad y sus ilusiones de progreso, continuidad, linealidad y eurocentrismo, sea sustituida por otra que remarque la discontinuidad, lo errático, anudados en un sano geocentrismo. Antropoceno tiene la impronta de la cita benjaminiana:

Marx dice que las revoluciones son la locomotora de la historia universal. Pero tal vez ocurre con esto algo enteramente distinto. Tal vez las revoluciones son el gesto de agarrar el freno de seguridad que hace el género humano que viaja en ese tren (Benjamin, sf, p. 76)

Los tiempos requieren no sólo cambiar una matriz energética sucia por otra limpia, sino también transformar radicalmente nuestros modos de consumir, crecer y derrochar. Una forma que suplante la profunda carencia que oculta nuestro errado modo de desear. No podemos desear como solitarios. Los eventos que intentamos hilvanar revelan desafortunada la interpretación que hizo Heisenberg de sus hallazgos:

El hombre, por primera vez en la historia, está descubriendo que está sólo consigo mismo en este planeta, sin aliado y sin adversario (citado en (Huxley, 2017)).

La interpretación cuántica de la física mostró la dependencia del observador respecto de lo observado. Pero esta condición en vez de proponer una soledad radical de la especie, como plantea Heisenberg, es posible entenderla como una íntima vinculación con la innitud de seres. La interdependencia de los hechos con los humanos, señala más bien que estamos solidariamente inmersos en una red de influencias, como la actual condición planetaria lo expresa con tenso vigor.

El conocimiento de la condición actual de la tierra, esto es si se reere a una cuestión de metereología, o se trata de un problema bio-geológico, tiene alcances colectivos y vinculantes, y a la vez, parece ser una cuestión de saber situado, para habitantes epistemológicamente reflexivos, en un singular planeta.

El debate sobre el alcance climático o geológico del incremento del CO2 planetario circulante, reordena políticamente a los act(u)antes en la tierra. El carbono, ese átomo que tiene tanta potencialidad para enlazarse y producir tanta vida y tanto lío, nos convoca a actuar a sabiendas, algo así como una epistemología de saberes colectivizados. Y eso, tampoco es un simple cambio, sino un acontecimiento en la historia de los saberes.

(1) Donde EFF son las emisiones de CO2 procedentes de combustibles fósiles y la industria, basadas en las estadística de energía y producción de cemento; ELUC son las emisiones de CO2 provocadas por el cambio de uso de la tierra, principalmente deforestación;GATM Tasa de variación del CO2 ambiental, procede de las mediciones sistemáticas a nivel atmosférico y se calcula a partir de los cambios anuales de concentración; SOCEAN y SLAND Cisterna (sink) terrestre y oceánica, se calcula con modelos, a partir de datos observacionales y BIM Desbalance en la estimación, es la diferencia entre las emisiones estimadas y los cambios estimados en la atmósfera, océano y biósfera (las cifras expresan gigatoneladas de CO2 por año).

Referencias
Benjamin, W. (s/f). La dialéctica en suspenso. Fragmentos sobre la historia. ARCIS LOM, Santiago de Chile.

Carey, M. (2014). Glaciares, cambio climático y desastres naturales. IFEA IEP, Lima.

Huxley, A. (2017). Literatura y ciencia. El humanismo frente al progreso cientíco y tecnológico. PÁGINA INDÓMITA, Barcelona.

Le Quéré, C., Andrew, R., Friedlingstein, P., Sitch, S., Pongratz, J.,Manning, A., Korsbakken, J. I., Peters, G., Canadell, J., Jackson, R., Boden, T., Tans, P., Andrews, O., VivekArora, Bakker, D., Barbero, L., Becker, M., Betts, R., Bopp, L., Chevallier, F., Chini, L. P., Ciais, P., Cosca, C., Cross, J., Currie, K., Gasser, T., Harris, I., Hauck, J., Haverd, V., Houghton, R. A., Hunt, C., Hurtt, G., Ilyina, T., Jain, A., Kato, E., Kautz, M., Keeling, R., Klein Goldewijk, K., Körtzinger, A., Landschützer, P., Lefèvre, N., Lenton, A., Lienert, S., Lima, I., Lombardozzi, D.,Metzl, N., Millero, F.,Monteiro, P.,Munro, D., Nabel, J., ichiro Nakaoka, S., Nojiri, Y., Padín, A., Peregon, A., Pfeil, B., Pierrot, D., Poulter, B., Rehder, G., Reimer, J., Rödenbeck, C., Schwinger, J., Séférian, R., Skjelvan, I., Stocker, B., Tian, H., Tilbrook, B., van der Laan- Luijkx, I., van derWerf, G., van Heuven, S., Viovy, N., Vuichard, N.,Walker, A.,Watson, A., Wiltshire, A., Zaehle, S., and Zhu, D. (https://doi.org/10.5194/essd-2017-123). Global carbonbudget  2017. Earth Syst. Sci. Data Discuss, Discussion started: 13 November 2017(Manuscript under review for journal Earth Syst. Sci. Data).

NOAA (2018). ftp://aftp.cmdl.noaa.gov/products/trens/co2/co2_mm_mlo.txt.

USGCRP Climate Science Special Report: Fourth National Climate Assessment, V. I. (2017). Climate Science Special Report: Fourth National Climate Assessment, Volume I. U.S. Global Change Research Program,Washington, DC, USA, 470 pp., doi: 10.7930/J0J964J6.

 

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