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Espumas de Humus en librerías

Comenzando el nuevo año del hemisferio sur con nuestra nueva publicación “FUEGO, Salvajismo y Domesticaciones”, un Ensayo del historiador norteamericano de Stephen Pyne que propone mirar el fuego como algo biológico, a la vez que cultural y físico químico. http://humus-editores.cl/category/stephen-pyne/

Encuéntralos en Librería LOM (Biblioteca Nacional) y en la Librería del Gam, de Santiago de Chile. O escríbenos a nuestro mail: humus.editores@gmail.com

FUEGO, de Stephen Pyne, y ¿Es la Geo-logía el nuevo paraguas para todas las ciencias? del destacado filósofo francés Bruno Latour. http://humus-editores.cl/category/bruno-latour/

Entre un zorro, los robles y Vinciane Despret

La Campana, parque nacional. Junio 25 de 2017

En el nuevo año austral subimos a la Campana, un relicto rodeado de urbanismo y amenazadoras antenas y torres de alta tensión… la más alta tensión sobre unos canelos que viven en la quebrada cargada de aguas, los Nothofagus y este Culpeo que pone una mirada oblicua sobre nuestras siluetas fatigadas.

Bajamos con una cita de Vinciane Despret en las mochilas: seguir leyendo

 

 

 

Voyager

Voyager  Exploration, space and the third great age of discovery, Stephen Pyne 2010, Penguin Books. 444 págs.

El historiador del fuego nos dice que un par de gemelos robots lanzados al espacio en 1977 y aún vivos más allá del sistema solar, son parte de la tercera gran edad de descubrimientos.

¿Dónde quedó el fuego, el pleistoceno, el Gran Cañón?

Confesamos haber recién abierto el libro de Pyne, tras cerrar su libro Vision and Voice, una guía para escribir historia y otras no-ficciones serias. También después de una travesía de campo por Mehuín y Puerto Saavedra, copihues y pilguas a la orilla del camino rural, locomóviles y agua caliente regalada en San José de la Mariquina.

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64 años de la fotografía 51. Para una historia geológica y femenina de la ADN

Phtograph 51, Rosalind Franklin, 1952.

Hace 64 años en Nature 171 del 25 abril de 1953, se publicó A Structure for Deoxyribose
Nucleic Acid, una nota de dos páginas (pp 737-738), con sólo 6 referencias, junto a un paper
de M.H.F. Wilkins, A.R. Stokes y H.R. Wilson y otro de R. Franklin y R.G. Gossling.
La foto 51 acompañaba a este último artículo, titulado Molecular Configuration in Sodium
Thymonucleate.
La historia para escolares ha hecho célebre el primer artículo de Watson y Crick. Y el Nobel
de 1962 los favoreció junto a Wilkins. Rosalind Franklin había muerto de cáncer de ovario
en 1958, a los 37 años, pero fue su trabajo, sus críticas y sus fotos las que permitieron una descripción más adecuada de la molécula que venía intrigando a los genetistas.

Desde que en 1869, Johannes Miescher descubrió DNA, una molécula resistente a las pro-
teasas y rica en fosfato, algo intrigante había en su existencia. La llamó nucleína. Phoebus
Leven en 1919 identificó los nucleótidos en el DNA y su composición de (a) grupo fosfato,
(b) una deoxiribosa y (c) una base nitrogenada (Divan and Royds, 2016).
Oswald Avery en los 40 probó que el ADN era la molécula de la herencia, poniendo así
como de valor una estructura marginal, al lado de las estrellas de su tiempo, las proteínas.
La regla de Chargaff que probó la relación 1:1 entre A+G y C+T dejó una interrogante
para alinear el modelo basado en pares de bases.
Pero fue Rosalind Franklin quien cuestionó la estructura en que estaban pensando Wat-
son y Crick en noviembre de 1951, quienes ubicaban erróneamente el fosfato en el centro.
También fue Franklin quien señaló las cadenas de ADN y la que produjo las laboriosas
imágenes de difracción de rayos x sobre ADN que señalaban una estructura helicoidal en
mayo de 1952 (Mukherjee, 2016).
Ni Pauling en Caltech ni Watson y Crick en Londres lograron avanzar mas allá. Sólo cuando
en enero de 1953 Wilkins mostró a Watson la fotografía 51, una claridad empezó a emerger.
La historia del descubrimiento DNA, evento quizás a la altura de la mecánica cuántica por
su efecto transformador del mundo y la historia, es una narración de redes que aceleran las
masculinidad de los investigadores. También la historia de pequeños artículos que impac-
tan no por sus medidas de impacto. De los colectivos de investigadores, los ejercicios de la
imaginación y el placer.
En estos días de marchas por las ciencias, la estructura del DNA nos recuerda que no es
lamentando la falta de pertinencia como se hace la ciencia, sino produciendo hechos nuevos.
Porque la aparición fulgurante del DNA es un momento en que la vida se vuelve cristalina,
geológica, difractiva, molecular. Es el comienzo de la tierra como marca esencial de la vida,
de una cosmología en que estos cristales vivientes son la señal mas íntima de nuestra unidad
con la tierra.                                          Humus editores
Referencias
Divan, A. and Royds, J. (2016). MOLECULAR BIOLOGY A Very Short Introduction.
Oxford University Press, Oxford.
Mukherjee, S. (2016). THE GENE An Intimate History. Scribner, New York.

Nature 171 del 25 abril de 1953

April 2003 marks the 50th anniversary of the discovery of the double helix structure of DNA, a breakthrough that would have been impossible without the work of the brilliant molecular biologist Rosalind Franklin, shown in her Paris lab in this undated promotional photo for PBS’ “NOVA” presentation, “Secret of Photo 51.” The documentary, which airs on Tuesday, April 22, 2003, investigates Franklin’s life and her contribution to one of science’s greatest discoveries. (AP Photo/WGBH, Courtesy the American Society for Microbiology)

Día Humus del libro

Humus buscó entre sus primeras formas de aparición la del libro. Humus es este sitio, dos vidas intentando algo común, un CZstudies Lab, un par de notebooks, latex, pero también libros. O la posibilidad de libros.

Humus es la vida entre los granos de la tierra, bacterias, hongos, lombrices. Que esos gránulos, que esa humedad, se torne libro.

Entre ejemplares de educación escolarizada, entre manuales de autoayuda, libros de lectura obligatoria, entre biografías noveladas, bacterias y lombrices no parecen tener las de ganar.

Pero Artaud no parecía posible, tampoco la Carlson, ni Cortázar, ni Cernuda. Seguro que ni Cervantes parecía posible.

Empezar por casa, por las lombrices y las bacterias, por la trastienda, por el suelo, por el humus.

Humus editores

 

Marcha por el Censo, marcha por la ciencia

Marcha por el Censo, marcha por la ciencia
     

Este sábado 22 se realizará una marcha a nivel mundial por la ciencia (más exacto sería por las ciencias!!). Sólo tres días antes, una marcha más desperdigada pese a su mayor coordinación, también ponía  a las ciencias en su pancarta.

El rasgo distintivo del Censo de personas, hogares y viviendas es su afán de producir un hecho científico, una verdad cuantificable, mediante un esfuerzo colectivo. Me parece una definición básica de lo que es una actividad científica.

El Censo como todo experimento es falible, incierto, frágil. En su éxito se incluyen afanes, ganas, saberes, técnicas, equipamiento.

En la experiencia de ayer no faltaron ganas. Todas las personas con quien trabajé lo hicieron con alegría y pasión. Pero faltaron saberes. No me refiero a los programas de capacitación. Faltó estadísticas, matemática, literatura, conocimiento generales. Es verdad que un par de preguntas eran complejas: Cuando Ud. nació ¿En qué comuna o país vivía su madre? Y En ese trabajo ¿a qué se dedica esa empresa, institución o actividad por cuenta propia?

Pero la decisión respecto a la respuesta adecuada dependía mucho de saber que esa última pregunta irá a una codificación de actividad económica. Sospecho que en este último caso habrán muchas de estas respuestas asignadas como otras o no clasificables, que es casi como si se tratara de valores perdidos.

500 mil técnicos invisibles de los que depende la suerte del experimento. ¿Porqué no mejorar la capacidad de esos técnicos para resolver en terreno las incertidumbres de la prueba?

De alguna manera marchamos ayer por las calles para pedir ser parte del experimento y disfrutamos esa felicidad pública de producir un saber colectivo. Pero falta enriquecer esas ganas con saberes formales, con aquello que  desde la ilustración llamamos conocimientos elementales, que hoy por hoy se han multiplicado hasta tornarse indefinibles.

¿Qué conocimiento científico básico constituye el requisito para una verdadera ciudadanía?

Hay entonces muchas marchas por la ciencia. Algunas de granularidad más fina que otras. Seamos atentos a cada una de ellas, porque los amantes de las ciencias no somos un círculo minoritario.

En cada una de ellas se juega lo colectivo, y por tanto las verdades públicas. Pero también la interrogante acerca de cuál es ese saber científico elemental que todos necesitamos y cómo podemos recomponerlo.

Humus editores

MARCHA POR LA CIENCIA

El sábado 22 será la Marcha por la Ciencia, una convocatoria nacional y global a reinvindicar la relación entre ciencia y política. Este evento será en 8 ciudades en diversos puntos. Las confirmadas son Antofagasta, La Serena, Valparaíso, Santiago, Concepción, Temuco, Valdivia y Punta Arenas. La info esta en www.marchaporlaciencia.cl para quienes deseen asistir.

El agua en la boca de la montaña

Puerto Montt, Abril 10, 2017

Pasado el mediodía, dos decenas de arrieros entraron cabalgando a la plaza de la ciudad. Entre banderas y gritos originarios, montando caballos de la cordillera y con banderas de la patria vieja o argentinas, la pequeña multitud se congregó en torno al agua.

La protesta de los que viven a lo largo de Río Puelo por la amenaza de construcción de una represa en su valle.

La voz del agua en boca de estos arrieros, armando viejas palabras y enredándola con otras nuevas, para hablar del Antropoceno, en la plaza pública, como los presocráticos del siglo XXI, en la patagonia.