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DIARIO DE OAXACA- Oliver Sacks

DIARIO DE OAXACA, Oliver Sacks

Si el Humusnauta husmea un libro cuya dedicatoria es

Para la American Fern Society y para los buscadores de plantas,
comentrobservadores de aves, submarinistas, astrónomos aficionados,
recolectores de rocas, exploradores
y naturalistas aficionados del mundo entero.

No podrá quedarse sin husmear un poco más este diario de un viaje a Oaxaca de un grupo de amantes de los helechos. En las primeras líneas se dará cuenta que su vocación de historiador natural amateur impregna su amor por su pequeño microscopio de segunda mano, su desordenadísimo cuaderno de campo, sus manuales de observación comprados en el vagabundeo de sus afectos. Pero sabrá también que todos esos vicios lo ponen a la altura de un Wallace,  un Darwin o Humboldt. seguir leyendo

THE LAST LOST WORLD

El gráfico es una versión en español del que ilustra el texto de Steve y Lydia Pyne, titulado THE LAST LOST WORLD, Ice Ages, Humans Origins, and the Invention of the Pleistocene.

Este gráfico resume en forma muy condensada el sentido del libro. Una combinación de historia, epistemología y estudios de ciencia, en torno a la geología y los hielos.

El pleistoceno es una de las cuatro eras geológicas definida por los hielos: Precámbrico (800 a 600 millones de años atrás), Ordoviciano-Silúrico (460 a 420 millones de años),  Permo-Carbonífero (320 a 250 millones atrás) y Pleistoceno, que podría considerarse moderna, hace unos 2 a 3 millones de años (p. 20)

Cerrado el libro, terminamos pensando que la cuestión es si aún vivimos en el Pleistoceno o ya definitivamente estamos en Antropoceno.  Lo cual amenaza a la disolución al Holoceno, época que cada vez se acorta más velozmente, para ubicarse como un período armado por algunos H. sapiens, para darle un mayor realce a su transformación sedentaria y agrícola.

Padre e hija escriben  algo que no es una empresa familiar, sino el encuentro de dos investigadores de estilo propio, que escriben una obra nueva, original, indispensable, asimilable nos parece tan sólo al modo Deleuze-Guattari de crear.

Los autores pasan de la evidencia empírica a la historia de las ciencias y de las ideas, sin dejarnos tomar aliento, como si todos fueran objetos u objekt, como explícitamente proponen, siguiendo a Cassirer (p. 250)

Geología, hielo, fuego, genética, multiplicidad de los erectinos, los homos y la historia contemporánea impregnando cada ciencia. Un libro maravilloso, una guía para comprender el Antropoceno y la geología, un gesto de apertura del paraguas.

 

 

 

Próximo libro

A fines de marzo y principios de abril estaremos presentando el segundo volumen de Espumas. Se trata de la traducción de un artículo de Stephen Pyne del 2006, en que propone mirar el fuego como algo biológico, a la vez que cultural y físico químico.

Hemos tomado una frase suya que nos sorprendió por su intensidad y ludismo: El fuego separa aquello que la fotosíntesis ha unido.

Pyne (http://www.stephenpyne.com/) es un historiador graduado en la Universidad de Texas (1972-1976) que ha dedicado la mayor parte de su trabajo al fuego, aunque también ha estudiado los viajes de exploración,  la antártica y un extraordinario trabajo sobre el pleistoceno, junto a su hija Lydia.

Al parecer es la primera traducción al español de algunos de sus textos y estamos muy complacidos de su generosa cesión de los derechos editoriales, así como de poner en nuestra lengua, una obra tan poderosa como la suya, acerca del Fuego.

Humus ya camina

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Bruno Latour

Presentación del libro de la Serie Espumas

Cuarenta amigos nos acompañaron en la presentación de nuestro primer libro, en la Sala Mafalda Mora de Puerto Montt, hoy 27 de febrero. En medio de un diálogo de los editores y los comentarios de varios de los presentes animando el esfuerzo, departimos agua, mate, almendras, manzanas y pasas.

Agradecemos a todos los acompañantes, sus sonrisas y su apoyo. Especialmente a la Corporación Cultural de Puerto Montt por su ayuda, difusión y espacio.

Como una broma a Bruno Latour que  niega su real talento literario, su libro fue clasificado  como literatura!!!!

Corporación Cultural de Puerto Montt, 27.02.2017

En fin una editorial no es un edificio de cemento, sino una  red de traducciones, algunos computadores y un ánimo de pensarnos.

 

Invitación a presentación ¿es la geología…?

En días previos a la elección de Trump, Bruno Latour dictó la conferencia is Geo-Logy the Umbrella for all the Sciences ? With a few Hints for a New University en la Universidad de Cornell, en la que reorganizando algunas de sus interrogantes, propone reconectar ciencias, humanidades y artes en torno a los estudios de la tierra.  Pero Tierra no alude al objeto inerte que orbita en tercer lugar alrededor del sol, sino al estudio de estas delgadas capas vivientes que han posibilitado paradójicamente la vida y que la modernidad ha transformado en una multiplicidad de zonas críticas.

Hemos traducido esta conferencia, y con este libro Humus se lanza al mar editorial con la Serie Espumas.

Este primer título ¿Es la geo-logía un nuevo paraguas para las ciencias? de Bruno Latour nos llena de alegría, texturas y espumas, que deseamos compartir con ustedes, el lunes 27 de febrero 2017, a las 18.00 horas, en la sala Mafalda Mora de la Casa Cultural Diego Rivera, Corporación Cultural de Puerto Montt, en calle Quillota 116, 2° Piso, Puerto Montt

 

Hay fuegos en la vida tan fuerte yo no sé …como del odio de Dios

Imagen: autorizada por su autor Gonzalo Espinosa Menéndez. 200 x 90 cms. Sin título.

Introducción
En una semana el fuego, ese elemento primordial relegado al olvido por las facultades y las
disciplinas, ha reingresado abrupta, masiva y dramáticamente a nuestras vidas. Los satélites ya no muestran ríos, oceános, desiertos, sino humaredas interminables que se interponen en su registro (AA, 2016) , la política entra en régimen de fuego y rumores racistas, xenófobos y expiatorios recorren la web.
Como muestra de esta desatención, Stephen Pyne dice que el único departamento de fuego en
una universidad es el que despacha vehículos de emergencia cuando suenan las alarmas (Pyne,
2012, p.13). Los únicos Ministerios del fuego que nos devuelve Google son iglesias apocalípticas.
De un lado, brusca y enorme presencia. Del otro, gran olvido.
Algo huele muy mal en nuestras epistemologías mayoritarias cuando la zona de ceguera tiene tal magnitud y tantas implicancias.
Los hechos
Los hechos son conocidos. Si lo miramos como un fenómeno estadístico, no se trata de una
serie estocástica, pues el movimiento de las cifras no ha sido asunto ni de azar ni de tendencias.
En una semana la superficie quemada de la región de O’Higgins alcanzó 40 veces el promedio
de los últimos 5 años. No hay gráfico ni serie de tiempo que lo describa adecuadamente. Para
Maule, 24 veces, 9.44 para la Región Metropolitana y 10.5 para el promedio país.
Un hecho nuevo, súbito. Pero no inesperado. En el año 2014, un artículo de Nature nos llamaba
a aprender a coexistir con los incendios forestales: “En las dos décadas pasadas, los incendios forestales han crecientemente afectado valores humanos, bienes y ecosistemas…Examinar los problemas relacionados con el fuego en el contexto de sistemas socioecológicos acoplados (SESs), que reconocen explícitamente los vínculos entre humanos y su ambiente natural, entrega visiones para lograr una coexistencia más sustentable con los incendios forestales”(Moritz et al.,2014).
Aunque ya el año 2009, en Science se escribía: “En las década pasada, una oleada en la incidencia de fuegos grandes y descontrolados ha ocurrido en todos los continentes con vegetales, independientemente de las capacidades de lucha contra el fuego o las tácticas de manejo …existe una seria falta de conocimiento acerca del rol fundamental del fuego en los procesos del sistema Tierra, así como una insuficiente apreciación de la interacción del fuego con el cambio global antropogénico” (Bowman et al., 2016)
Visiones del fuego
Se hace imprescindible una recomposición epistemológica del fuego y de la actualidad, para
coexistir con él. Habrá que reconocer que el fuego ha venido a recordarnos que se han dislocado las escalas que alimentaban nuestro embobamiento con las tendencias, que han colapsado las separaciones entre naturaleza y sociedad, y las pequeñas causas engarzadas con pequeños efectos versus las grandes causas alineadas con los grandes efectos.
Habrá que recuperar la primordialidad del fuego. Por lo pronto, Pyne ha propuesto entender el
fuego en una triple mirada: como fenómeno físico, como fenómeno biológico y como fenómeno cultural (aunque él usa la expresión paradigma, intentando evitar la ira de Kuhn).
Quizás lo que más acomode al fuego sea la imagen biológica. El fuego aparece hace 430 millones de año en la tierra, sólo porque la fotosíntesis produce moléculas de hidratos de carbono que pueden arder. El fuego vive en una ecología:
Fire ́ s ecology is not simply the record of disturbance by mechanical forces acting
on a biological medium but a propagation through a biotic medium. Wind, ice,
debris flows, floods – all can occur without a particle of life present; fire cannot. It
literally feeds upon biomass, more resembling an outbreak of bark beetles or SARS
than a windstorm or a glacier. The expression that such-and-such a disease spread
like wildfire could be restated to read that such-and-such a fire spread like a disease,
a contagion of combustion. Life need not simply adapt to fire: it breeds, nurtures,
and shapes fire. Fire becomes less a mechanical force that impinges on ecosystems
so much as an organically informed process that manifests itself in such physical
expressions as heat and light.(Pyne, 2007)
El fuego se empieza a apagar en estos días como se acaban las epidemias: porque los susceptibles ya se han contagiado todos.
Antropoceno y la causalidad humana
Si la metáfora funciona, entonces la ecología del fuego se aproxima a la ecología de los hu-
manos. De alguna secreta manera los que asocian sólo a los humanos como agentes causales del fuego, bajo la forma de los extranjeros, los mapuches o los delincuentes, dicen algo cierto. Sólo que no en la forma lineal, estigmatizadora e individualizante de su relato: la humanidad como agente geológico en el sistema tierra, o sobre la delgada capa planetaria donde ocurre el humus o la vida, es la principal fuerza rectora. Los incendios son causados por el hombre, pero a través de intrincadas redes que enlazan la economía, los combustibles fósiles, los regímenes legales de apropiaciones (exclusiones) de la tierra y del agua, el ciclo del fósforo y nitrógeno, la introducción de especies exóticas, los monocultivos, las exterminaciones masivas, el uso de pesticidas, el ciclo de carbono, la corriente de El Niño (ENSO), los usos y desusos del suelo. Los fuegos alcanzan esta dimensión eruptiva, porque estamos en la época geológica en que la fuerza de los humanos se ha tornado geológica, eruptiva, incendiaria.
Si los humanos nos movemos en una ecología parecida a la del fuego, entonces somos nosotros los que alimentamos el fuego, lo hacemos crecer y lo transformamos. Por eso, vivir sin fuego, encerrando la combustión en cámaras cerradas, usando sólo combustibles fósiles, encerrando en parques la biota, protegiéndola del fuego salvaje, es una utopía que también produce sus gulags y sus mares Aral.
Que la política comprenda de biología y geología parece difícil. Pero los gobernantes han de sa-
ber que también moramos con ellos en el sistema tierra. Y que aquel que ignore las reglas básicas de convivencia de su ecología, ha perdido las señales mínimas en que se basa su existencia.
Discusión
El Antropoceno es un período geológico incierto. Las llamas recortan y trazan la imagen de
la nueva época con crudeza, agudizan sus rasgos. El Antropoceno es también un período epistemológicamente nuevo, en que nuevos órdenes del mundo han de reconocerse para comprender el presente. Uno de ellos, es el orden del fuego. Conocer el fuego, la manifestación de un salvajismo propio de la vida y propio también de nosotros, podría servir para iniciar epistemologías más acorde con la realidad o la tierra, que podrían llegar a significar casi lo mismo.
Referencias
AA (2016). https://worldview.earthdata.nasa.gov/.
Bowman, D., Balch, J., Artaxo, P., Bond, W., Carlson, J., Cochrane, M., Antonio, C. D., De-
Fries, R., Doyle, J., Harrison, S., Johnston, F., Keeley, J., Krawchuk, M., Kull, C., Marston,
B., Moritz, M., Prentice, C., Roos, C., Scott, A., Swetnam, T., van der Werf, G., and Pyne, S.
(2016). Fire in the earth system. Science, 324(5926):481–484.
Moritz, M., Batllori, E., Bradstock, R., Gill, M., Hessburg, J. H. P., Leonard, J., McCaffrey,
S., Odion, D., Schoennagel, T., and Syphard, A. (2014). Learning to coexist with wildfire.
Nature, 515:58–65.
Pyne, S. (2007). Problems, paradoxes, paradigms: triangulating fire research. International
Journal of Wildland Fire, 16:271–276.
Pyne, S. (2012). Fire. Nature and Culture. Reaktion Books, Londres.

Números del mar

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Viajando hacia lo salvaje por el fiordo Comau, se avistan regularmente centros de cultivo, balsas jaulas, camiones estacionados en acantilados imposibles y selváticos, lanchas rápidas burlándose de los secretos del Dresden.

Mientras una barcaza nos lleva a Estero Largo, aprovechamos de leer el informe de mayo del 2016 de SERNAPESCA  sobre el vertimiento de 4655 toneladas de salmones muertos en Marzo  de este año (http://www.sernapesca.cl/presentaciones/Comunicaciones/Vertimiento_de_Salmones_13-05-2016.pdf).

Lanzar al mar una cifra tal parece una magnitud enorme, independiente de su articulación en la secuencia de la crisis. Lo cierto es que esa  cantidad representa la menor parte de la mortalidad reportada, estimada en 38 300 toneladas. Como se ve en el gráfico, la mayor parte fue destinada a harina de pescado o depositada en vertederos en tierra.

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Si se comparan esas magnitudes con las de la producción total de salmones, estimada por la industria en 680 000 toneladas ( un año “malo”, comparado con las 800 000 del 2015), vemos que la mortalidad total no fue más de un 6% de la producción total y el depósito en el mar, cercano a un 6%.

Cuando se mira la serie de tiempo de las últimas décadas, resulta evidente que en pocos años se pasó de un ecosistema a otro. Y como bien dice Beatriz Bustos, antes de los 80 no se trataba de un territorio sin intervención (http://www.scielo.cl/pdf/eure/v38n115/art10.pdf).

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La multiplicación de sitios y la colonización de lo salvaje tomaron también una velocidad explosiva, en la imagen tomada del mismo artículo de Beatriz Bustos.

 

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¿Cómo no sentirse abrumados por la magnitud de los números, por los millones de animales involucrados (25 millones de muertos) y por el tonelaje producido?¿Cómo no sentir que el mar interior ha sido perturbado profundamente, llevado a un atractor imprevisible, esta vez no mediante la extracción pura e inmediata (como las conserveras de los 60-70 y 80) , si no mediante la operación de siembra, crianza y cosecha?

Si ya en 1993 se consideraba que la producción de residuos de 80 000 toneladas equivalía a la generada por 2.2 a 2.6 millones de personas, el “optimo” año 2015, con sus 800 000 toneladas, bien puede equiparar a un Chile y medio.

Sorprendentemente la operación intelectual de aislar este vertimiento como el factor desencadenante de la crisis oceánica de este año, oscurece el trasfondo cotidiano de la perturbación masiva del mar interior, la multidimensionalidad de los efectos y de las causas, su increíble heterogeneidad y combinatoria.

Pero a la vez, dejar de lado los bucles de ésta y otras industrias, disolviendo la cuestión en una expresión como calentamiento global o  calentamiento oceánico incluso,  deja a los pequeños colectivos casi sin espacio para una acción.

Entendemos el trabajo de estudio de Zonas Críticas como una tercera vía, una alternativa al Escila particularísimo del vertimiento de la mortalidad en marzo o el Caribdis generalizado del cambio climático.  Uno  y otro,  monocausales, lineales, sin recursividades.

Lo entendemos como un camino a emprender para aquellos que queremos hacer algo, que sea posible y fructífero, interesante y creador. Y que no sea más de la mismo.

Una primera cuestión es empezar a visualizar las cifras, aquilatarlas y compartirlas. Cifras que sólo se vuelven significativas si se leen en el territorio, sea caminado, a velocidad de navegación marítima o de motores a explosión.  Aventurar las ideas en medio del camino, apurar su circulación, combinar las fuentes, las escalas, los métodos, los sitios de debate.

 

El Caballo de Turín, Danowsky y Viveiros de Castro

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Dejamos aquí un referencia del film El Caballo de Turín, de Béla Tarr, en traducción humus del libro Ha mundo por vir? Ensaio sobre os medos e os fins. Déborah Danowski y Eduardo Viveiros de Castro, Editorial Cultura e Barbarie, Sao Paulo, 2014.

 

 

Manos a la humus

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Estamos trabajando en una versión chilena de una reciente conferencia de Bruno Latour. Esperamos pronto esté circulando como parte de nuestras publicaciones.

Este esfuerzo intenta algo más que reparar, pero algo menos que revolucionar la tensa calma de ideas de este mar interior, que sobradamente puede ser una Critic Zone, como las que él propone .

Mientras el planeta se calienta y nuestro territorio se perturba, el pensamiento parece acercarse a su punto de congelación y las universidades se torremarfilizan hasta la fractura.

Buscamos reparar la ausencia total de versiones editadas localmente de alguna de la profusa obra de este filósofo francés devenido etnógrafo, devenido sociólogo, devenido político. Deuda que no ha impedido su influencia en las ciencias sociales y algunos vehementes científicos, sobre todo de las nuevas generaciones y tesistas.

Pero además intentamos ponernos en debate sobre la violenta entrada de la naturaleza en política y los estupores correspondientes.

Si el 2008 el volcán Chaitén sacudió la política local, el 2015 la erupción del Calbuco consumió con sus lahares, cenizas y evacuaciones la vida del gobierno. Anticipaciones que probaron la necesidad de ciencias locales para la política. En abril-mayo de este año, un florecimiento algal de marea roja, estremeció la región. Caminos tomados, huelgas de funcionarios públicos, bonos a pescadores, fueron las herramientas clásicas para intentar manejar una crisis ni siquiera husmeada.

La mayor intensidad del debate se concentró en la explicación causal. Por un lado las responsabilidades políticas de los gobiernos, y por supuesto, una actividad salmonera de regulación minimalista. La combinación de ambas cuestiones se condensó en la identificación causal por parte de muchos ciudadanos y organizaciones no gubernamentales, en el vertimiento de 4655 toneladas de salmones muertos al noroeste de Chiloé en marzo de este año. Por el lado de los investigadores locales, la hipótesis más probable fue vinculada al cambio climático.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Nadie centró la cuestión en el calentamiento oceánico ni en el Antropoceno. En ambos lados de la controversia, un problema específicamente local o demasiado generalista.

Esta conferencia y esta traducción tienen para nosotros el desafío de proponernos la tarea de encontrar otro abordaje a problemas como el ocurrido, que estamos seguros, continuarán. Abordajes que combinen ciencias naturales, sociales y arte, en la construcción de un mundo común. En ese sentido, esta edición es profundamente situada, porosa y móvil.

Bruno Latour, que estuvo en noviembre del 2014 en Chile invitado por puertoideas, ha sustentado su producción en un implacable cuestionamiento de los modernos. Se trata sin embargo de un amante de las ciencias y la tecnología, de un cristiano que no se averguenza de su fe y que es capaz de estudiarla con la misma seriedad con que estudia el diseño de un sistema automatizado de transporte o un laboratorio de releasing factors o el Consejo de Estado en Francia.

Su sitio es un generoso despliegue de sus textos y a él remitimos al lector interesado (http://www.bruno-latour.fr/),. Allí encontrarán muchos de sus artículos, marcados por una luminosa pluma, un humor impregnado de ludismo y lo mejor de los tres optimismos posibles: el del técnico que sabe que finalmente resolverá el problema, el del artista, que confía en el valor de su gesto y del humanista, que aunque eso “humano” siempre termina excediendo su preconcepto, encuentra allí la poesía necesaria para que la vida prolifere.