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Voyager

Voyager  Exploration, space and the third great age of discovery, Stephen Pyne 2010, Penguin Books. 444 págs.

El historiador del fuego nos dice que un par de gemelos robots lanzados al espacio en 1977 y aún vivos más allá del sistema solar, son parte de la tercera gran edad de descubrimientos.

¿Dónde quedó el fuego, el pleistoceno, el Gran Cañón?

Confesamos haber recién abierto el libro de Pyne, tras cerrar su libro Vision and Voice, una guía para escribir historia y otras no-ficciones serias. También después de una travesía de campo por Mehuín y Puerto Saavedra, copihues y pilguas a la orilla del camino rural, locomóviles y agua caliente regalada en San José de la Mariquina.

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DIARIO DE OAXACA- Oliver Sacks

DIARIO DE OAXACA, Oliver Sacks

Si el Humusnauta husmea un libro cuya dedicatoria es

Para la American Fern Society y para los buscadores de plantas,
comentrobservadores de aves, submarinistas, astrónomos aficionados,
recolectores de rocas, exploradores
y naturalistas aficionados del mundo entero.

No podrá quedarse sin husmear un poco más este diario de un viaje a Oaxaca de un grupo de amantes de los helechos. En las primeras líneas se dará cuenta que su vocación de historiador natural amateur impregna su amor por su pequeño microscopio de segunda mano, su desordenadísimo cuaderno de campo, sus manuales de observación comprados en el vagabundeo de sus afectos. Pero sabrá también que todos esos vicios lo ponen a la altura de un Wallace,  un Darwin o Humboldt. seguir leyendo

Hay fuegos en la vida tan fuerte yo no sé …como del odio de Dios

Imagen: autorizada por su autor Gonzalo Espinosa Menéndez. 200 x 90 cms. Sin título.

Introducción
En una semana el fuego, ese elemento primordial relegado al olvido por las facultades y las
disciplinas, ha reingresado abrupta, masiva y dramáticamente a nuestras vidas. Los satélites ya no muestran ríos, oceános, desiertos, sino humaredas interminables que se interponen en su registro (AA, 2016) , la política entra en régimen de fuego y rumores racistas, xenófobos y expiatorios recorren la web.
Como muestra de esta desatención, Stephen Pyne dice que el único departamento de fuego en
una universidad es el que despacha vehículos de emergencia cuando suenan las alarmas (Pyne,
2012, p.13). Los únicos Ministerios del fuego que nos devuelve Google son iglesias apocalípticas.
De un lado, brusca y enorme presencia. Del otro, gran olvido.
Algo huele muy mal en nuestras epistemologías mayoritarias cuando la zona de ceguera tiene tal magnitud y tantas implicancias.
Los hechos
Los hechos son conocidos. Si lo miramos como un fenómeno estadístico, no se trata de una
serie estocástica, pues el movimiento de las cifras no ha sido asunto ni de azar ni de tendencias.
En una semana la superficie quemada de la región de O’Higgins alcanzó 40 veces el promedio
de los últimos 5 años. No hay gráfico ni serie de tiempo que lo describa adecuadamente. Para
Maule, 24 veces, 9.44 para la Región Metropolitana y 10.5 para el promedio país.
Un hecho nuevo, súbito. Pero no inesperado. En el año 2014, un artículo de Nature nos llamaba
a aprender a coexistir con los incendios forestales: “En las dos décadas pasadas, los incendios forestales han crecientemente afectado valores humanos, bienes y ecosistemas…Examinar los problemas relacionados con el fuego en el contexto de sistemas socioecológicos acoplados (SESs), que reconocen explícitamente los vínculos entre humanos y su ambiente natural, entrega visiones para lograr una coexistencia más sustentable con los incendios forestales”(Moritz et al.,2014).
Aunque ya el año 2009, en Science se escribía: “En las década pasada, una oleada en la incidencia de fuegos grandes y descontrolados ha ocurrido en todos los continentes con vegetales, independientemente de las capacidades de lucha contra el fuego o las tácticas de manejo …existe una seria falta de conocimiento acerca del rol fundamental del fuego en los procesos del sistema Tierra, así como una insuficiente apreciación de la interacción del fuego con el cambio global antropogénico” (Bowman et al., 2016)
Visiones del fuego
Se hace imprescindible una recomposición epistemológica del fuego y de la actualidad, para
coexistir con él. Habrá que reconocer que el fuego ha venido a recordarnos que se han dislocado las escalas que alimentaban nuestro embobamiento con las tendencias, que han colapsado las separaciones entre naturaleza y sociedad, y las pequeñas causas engarzadas con pequeños efectos versus las grandes causas alineadas con los grandes efectos.
Habrá que recuperar la primordialidad del fuego. Por lo pronto, Pyne ha propuesto entender el
fuego en una triple mirada: como fenómeno físico, como fenómeno biológico y como fenómeno cultural (aunque él usa la expresión paradigma, intentando evitar la ira de Kuhn).
Quizás lo que más acomode al fuego sea la imagen biológica. El fuego aparece hace 430 millones de año en la tierra, sólo porque la fotosíntesis produce moléculas de hidratos de carbono que pueden arder. El fuego vive en una ecología:
Fire ́ s ecology is not simply the record of disturbance by mechanical forces acting
on a biological medium but a propagation through a biotic medium. Wind, ice,
debris flows, floods – all can occur without a particle of life present; fire cannot. It
literally feeds upon biomass, more resembling an outbreak of bark beetles or SARS
than a windstorm or a glacier. The expression that such-and-such a disease spread
like wildfire could be restated to read that such-and-such a fire spread like a disease,
a contagion of combustion. Life need not simply adapt to fire: it breeds, nurtures,
and shapes fire. Fire becomes less a mechanical force that impinges on ecosystems
so much as an organically informed process that manifests itself in such physical
expressions as heat and light.(Pyne, 2007)
El fuego se empieza a apagar en estos días como se acaban las epidemias: porque los susceptibles ya se han contagiado todos.
Antropoceno y la causalidad humana
Si la metáfora funciona, entonces la ecología del fuego se aproxima a la ecología de los hu-
manos. De alguna secreta manera los que asocian sólo a los humanos como agentes causales del fuego, bajo la forma de los extranjeros, los mapuches o los delincuentes, dicen algo cierto. Sólo que no en la forma lineal, estigmatizadora e individualizante de su relato: la humanidad como agente geológico en el sistema tierra, o sobre la delgada capa planetaria donde ocurre el humus o la vida, es la principal fuerza rectora. Los incendios son causados por el hombre, pero a través de intrincadas redes que enlazan la economía, los combustibles fósiles, los regímenes legales de apropiaciones (exclusiones) de la tierra y del agua, el ciclo del fósforo y nitrógeno, la introducción de especies exóticas, los monocultivos, las exterminaciones masivas, el uso de pesticidas, el ciclo de carbono, la corriente de El Niño (ENSO), los usos y desusos del suelo. Los fuegos alcanzan esta dimensión eruptiva, porque estamos en la época geológica en que la fuerza de los humanos se ha tornado geológica, eruptiva, incendiaria.
Si los humanos nos movemos en una ecología parecida a la del fuego, entonces somos nosotros los que alimentamos el fuego, lo hacemos crecer y lo transformamos. Por eso, vivir sin fuego, encerrando la combustión en cámaras cerradas, usando sólo combustibles fósiles, encerrando en parques la biota, protegiéndola del fuego salvaje, es una utopía que también produce sus gulags y sus mares Aral.
Que la política comprenda de biología y geología parece difícil. Pero los gobernantes han de sa-
ber que también moramos con ellos en el sistema tierra. Y que aquel que ignore las reglas básicas de convivencia de su ecología, ha perdido las señales mínimas en que se basa su existencia.
Discusión
El Antropoceno es un período geológico incierto. Las llamas recortan y trazan la imagen de
la nueva época con crudeza, agudizan sus rasgos. El Antropoceno es también un período epistemológicamente nuevo, en que nuevos órdenes del mundo han de reconocerse para comprender el presente. Uno de ellos, es el orden del fuego. Conocer el fuego, la manifestación de un salvajismo propio de la vida y propio también de nosotros, podría servir para iniciar epistemologías más acorde con la realidad o la tierra, que podrían llegar a significar casi lo mismo.
Referencias
AA (2016). https://worldview.earthdata.nasa.gov/.
Bowman, D., Balch, J., Artaxo, P., Bond, W., Carlson, J., Cochrane, M., Antonio, C. D., De-
Fries, R., Doyle, J., Harrison, S., Johnston, F., Keeley, J., Krawchuk, M., Kull, C., Marston,
B., Moritz, M., Prentice, C., Roos, C., Scott, A., Swetnam, T., van der Werf, G., and Pyne, S.
(2016). Fire in the earth system. Science, 324(5926):481–484.
Moritz, M., Batllori, E., Bradstock, R., Gill, M., Hessburg, J. H. P., Leonard, J., McCaffrey,
S., Odion, D., Schoennagel, T., and Syphard, A. (2014). Learning to coexist with wildfire.
Nature, 515:58–65.
Pyne, S. (2007). Problems, paradoxes, paradigms: triangulating fire research. International
Journal of Wildland Fire, 16:271–276.
Pyne, S. (2012). Fire. Nature and Culture. Reaktion Books, Londres.

Números del mar

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Viajando hacia lo salvaje por el fiordo Comau, se avistan regularmente centros de cultivo, balsas jaulas, camiones estacionados en acantilados imposibles y selváticos, lanchas rápidas burlándose de los secretos del Dresden.

Mientras una barcaza nos lleva a Estero Largo, aprovechamos de leer el informe de mayo del 2016 de SERNAPESCA  sobre el vertimiento de 4655 toneladas de salmones muertos en Marzo  de este año (http://www.sernapesca.cl/presentaciones/Comunicaciones/Vertimiento_de_Salmones_13-05-2016.pdf).

Lanzar al mar una cifra tal parece una magnitud enorme, independiente de su articulación en la secuencia de la crisis. Lo cierto es que esa  cantidad representa la menor parte de la mortalidad reportada, estimada en 38 300 toneladas. Como se ve en el gráfico, la mayor parte fue destinada a harina de pescado o depositada en vertederos en tierra.

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Si se comparan esas magnitudes con las de la producción total de salmones, estimada por la industria en 680 000 toneladas ( un año “malo”, comparado con las 800 000 del 2015), vemos que la mortalidad total no fue más de un 6% de la producción total y el depósito en el mar, cercano a un 6%.

Cuando se mira la serie de tiempo de las últimas décadas, resulta evidente que en pocos años se pasó de un ecosistema a otro. Y como bien dice Beatriz Bustos, antes de los 80 no se trataba de un territorio sin intervención (http://www.scielo.cl/pdf/eure/v38n115/art10.pdf).

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La multiplicación de sitios y la colonización de lo salvaje tomaron también una velocidad explosiva, en la imagen tomada del mismo artículo de Beatriz Bustos.

 

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¿Cómo no sentirse abrumados por la magnitud de los números, por los millones de animales involucrados (25 millones de muertos) y por el tonelaje producido?¿Cómo no sentir que el mar interior ha sido perturbado profundamente, llevado a un atractor imprevisible, esta vez no mediante la extracción pura e inmediata (como las conserveras de los 60-70 y 80) , si no mediante la operación de siembra, crianza y cosecha?

Si ya en 1993 se consideraba que la producción de residuos de 80 000 toneladas equivalía a la generada por 2.2 a 2.6 millones de personas, el “optimo” año 2015, con sus 800 000 toneladas, bien puede equiparar a un Chile y medio.

Sorprendentemente la operación intelectual de aislar este vertimiento como el factor desencadenante de la crisis oceánica de este año, oscurece el trasfondo cotidiano de la perturbación masiva del mar interior, la multidimensionalidad de los efectos y de las causas, su increíble heterogeneidad y combinatoria.

Pero a la vez, dejar de lado los bucles de ésta y otras industrias, disolviendo la cuestión en una expresión como calentamiento global o  calentamiento oceánico incluso,  deja a los pequeños colectivos casi sin espacio para una acción.

Entendemos el trabajo de estudio de Zonas Críticas como una tercera vía, una alternativa al Escila particularísimo del vertimiento de la mortalidad en marzo o el Caribdis generalizado del cambio climático.  Uno  y otro,  monocausales, lineales, sin recursividades.

Lo entendemos como un camino a emprender para aquellos que queremos hacer algo, que sea posible y fructífero, interesante y creador. Y que no sea más de la mismo.

Una primera cuestión es empezar a visualizar las cifras, aquilatarlas y compartirlas. Cifras que sólo se vuelven significativas si se leen en el territorio, sea caminado, a velocidad de navegación marítima o de motores a explosión.  Aventurar las ideas en medio del camino, apurar su circulación, combinar las fuentes, las escalas, los métodos, los sitios de debate.

 

En menos de un día la cuestión del mar incendió la tierra

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 Laboratorios salvajes

Desde hace décadas la marea roja viene sobre el mar interior patagónico exactamente como una marea: oleadas rítmicas que sacuden nuestras costas. Su existencia se ha tornado un trasfondo, algo que no se nota ni interroga.

En abril de este año el trasfondo bruscamente volvió a ser figura y el ritmo de la marea apuró su paso: varazones masivas en Chiloé, prohibición de extracción de mariscos en zonas jamás afectadas, aparición de toxinas y dinoflagelados en organismos marinos no sospechados. En menos de un día la cuestión del mar incendió la tierra: caminos cortados, subsidios de gobierno, neumáticos ardientes. Tácticas del siglo XX buscando entroncar su decimonónica estrategia con esta actualidad de ribetes incomprensibles, conexiones dudosas, abrumadoras responsabilidades. Hoy poco importa, pues el olvido se ha restituido.

Aunque es altamente previsible que el verano próximo el ciclo se repita. En septiembre recién pasado la UINC publicó su informe sobre el calentamiento oceánico. Las temperaturas de superficie en el 2015 alcanzaron la cifra más alta del Extended Reconstructed Sea Surface Temperature (ERSST), registro iniciado en 1880. Desde el año 2005, en cuatro oportunidades las cifras han sobrepasado los peaks de los datos previos.

El calentamiento oceánico es una hecho evidente, sostenido y en progresión. Desde 1920 el incremento es cercano a 0,13°C por década. Dado que la capacidad de absorber calor del agua es 4000 veces la del aire, considerando el enorme volumen de los océanos, es posible estimar que el océano ha amortiguado el calentamiento global, guardando cerca de un 93% del calor antrópico.

En ese mismo informe se señala que el mar mediterráneo puede ser usado como un proxy del escenario por venir en biodiversidad, a partir de estas condiciones. La existencia de series de tiempo de larga data y el funcionamiento masivo de estaciones de monitoreo lo convierten en un laboratorio de campo.

A su manera el mar interior de Chile ha sido ya parte de un experimento. De un laboratorio sucio y desordenado, en manos de técnicos copados de eficiencia microeconómica, pero lejanos a una biología ecológicamente situada, algo descuidados en los registros, protocolos y manejo de residuos.

Un mar sometido a cargas y trabajos sin límites. Una secuencia de experimentos odiosos, predatorios, asfixiantes e intoxicantes: extracción aniquilatoria de sus especies marinas endémicas, introducción de especies ecológicamente agresivas, enjauladamente hacinadas. Sustancias tóxicas vertidas por doquier: verde de malaquita, antibióticos, pesticidas, antifouling, ácido fórmico. Escorrentías al fondo marino de aguas ciudadanas plenas de nitrógeno entremezcladas con los restos sedimentantes de pellets de alimento y las subsecuentes deposiciones.

Una antología de experimentos dislocados, bio-homogenizantes, que han temperado el mar hasta llevarlo de la muda aceptación al silencioso duelo de varazones en masa.

El calentamiento del mar interior de Chile es el resultado de sucesivos efectos antrópicos, cuyo porvenir sólo puede ser auscultado con una biología ecológicamente situada.

El mar que nos rodea también es Gaia

informe

Presentado en septiembre del 2016, el reporte de la International Union for Conservation of Nature sobre calentamiento oceánico (https://portals.iucn.org/library/sites/library/files/documents/2016-046-Summ.pdf ) requiere una atenta lectura.

La magnitud y escalas del calentamiento del planeta sobre la biodiversidad y los ecosistemas marinos, nos ponen frente a dos cuestiones mayores. Por un lado, la incertidumbre frente a la secuencia de efectos a partir de las magnitudes actuales de perturbación del océano. Por otro, la insuficiencia de nuestras instituciones para obtener el conocimiento adecuado de la situación y producir una política acorde.

Si ambas cuestiones pudieran parecer aseveraciones de un observador romántico, bastaría volver al presente de la patagonia pacífico, al debate aún vivo sobre la crisis de marea roja, para percibir las distancias entre las instituciones científicas, políticas y el océano, y la consecuente pobreza de imaginación para situar el mar como un sujeto político.

Compartimos una humus traducción del resumen ejecutivo del documento mencionado:

 

Explicando el calentamiento oceánico: Causas, escalas, efectos y consecuencias

IUCN  Editado por D. Laffoley y J M Baxter. Resumen ejecutivo, Septiembre 2016

La escala del calentamiento oceánico implica números tan grandes que es difícil para la mayoría de la gente comprenderlo.

El calentamiento del océano puede llegar a ser el mayor cambio oculto de nuestra generación. Mientras algunos pueden ser conscientes de las implicaciones de una océano más caliente para los arrecifes de coral, pocos saben acerca de las múltiples consecuencias para el océano. En 1956 el influyente metereologista Carl-Gustav Rossby, considerado hoy “padre” del cuidado del océano, especuló que en el curso de unas pocos siglos vastas cantidades de de calor podrían ser absorbidos en los océanos o emerger, tal vez afectando de grave manera el clima planetario. Alertaba que el “tamponamiento puede ser peligroso. La Naturaleza puede ser vengativa. Haríamos mejor en buscar un pacto respecto del planeta en el cual vivimos” Su teoría se ha confirmado en la medida que las crecientes actividades humanas, han inyectado grandes cantidad de calor en el océanos, blindando así a la humanidad en tierra, de los peores resultados del cambio climático. Esta función reguladora, ocurre sin embargo, al costo de grandes alteraciones de la física y química del océano, que llevan a un calentamiento del océano y a su acidificación, y consecuentemente a un aumento del nivel del mar.

Hechos claves del calentamiento

  • La temperatura de la superficie del mar, el contenido calórico del océano, el derretimiento de los glaciares y bloques de hielo, las emisiones y concentraciones  de CO2 están incrementando a una tasa acelerada con implicancias significativas para la humanidad, las especies marinas y ecosistemas del océano.
  • Es verosímil que el incremento promedio de la temperatura oceánica sea de 1-4°C para el 2100. El mayor calentamiento promedio está ocurriendo en el hemisferio sur y está contribuyendo al derretimiento bajo la superficie, de los hielos antárticos. Desde los 1990 la atmósfera de las regiones polares se ha calentado a una tasa dos veces el promedio del calentamiento global.
  • Es verosímil, dado el calentamiento del ártico, la  posibilidad de  la remoción esencial, en algunos años del hielo marino ártico en el verano en las próximas décadas. En la antártica la magnitud del hielo marino ha incrementado ~1,3% por década, aunque existe una fuerte variabilidad inter anual.
  • En los últimos 20 años ha existido una intensificación y cambios en los eventos El Niño, con un desplazamiento de la localización media de las anomalías superficiales de temperatura hacia el Pacífico Central.
  • Actualmente 2,5 Gt de hidratos de metano congelados están acumulados a profundidades de 200 a 2000 m. Crecientes temperaturas del agua podrían liberar esta fuente de carbono en el océano y luego a la atmósfera.

Manifestaciones biológicas marcadas del impacto del calentamiento del mar y otros estresores* oceánicos han tomado la forma de cambios en la biogeografía, fenología, biodiversidad, tamaño de las comunidades, abundancia de especies y una modificación del regímenes ecológicos. Tales alteraciones  a menudo interfieren o es predecible que interfieran, con los beneficios  que esperamos del océano. Interacciones más precisas, tales como la importancia relativa de efectos fisiológicos directos e indirecto a través de otras vías abióticas, y la interacción entre especies, permanecen largamente desconocidas, El problema es que sabemos que el calentamiento oceánico es el cambio principal en el océano -esto está bien documentado. pero las consecuencias de estos cambios en proyección de décadas no son claros.

Pese a que el incremento de los niveles de CO2 y el calentamiento creciente pueden tener ocasionales efectos positivos, la mayoritaria evidencia y las predicciones mostradas en este reporte son una conjunto de efectos negativos, los cuales recién empezamos a comprender, pero acerca de los cuales sí sabemos lo suficiente para estar muy preocupados. Los signos de calentamiento son evidentes, no sólo la actual prevalencia de reducción de los arrecifes de coral en el mundo, sino la creciente convicción de que los arrecifes estarán tan afectados el 2050, a menos que cambiemos rápidamente nuestra conducta. El calentamiento del planeta y el cambio climático están contribuyendo a la homogeneización global de la biodiversidad, en la medida que las especies vulnerables son extinguidas y las especies “no-nativos” de diferentes regiones biogeográficas se diseminan, sobreponen y se establecen a través del océano mundial.

Todos estos cambios y predicciones son importantes desde una perspectiva moral, social, ecológica y económica. El valor de nuestra relación con el océano a veces parece difícil de calcular, pero se trata de la relación que permite la existencia de la vida en la tierra. Cuando se cuantifica, llega ser de trillones de dólares por año, afectando directa e indirectamente en beneficios que creemos garantizados. La mayor pérdida será para la gente que vive del océano para subsistir día a día – típicamente las naciones costeras más pobres. Con temas de tamaña importancia en la palestra necesitamos mejorar nuestra ciencia y conocimiento disponible, para movernos a un mundo crecientemente comprometido con el océano. Es la conclusión común de muchos científicos que han contribuido a este reporte.

Recomendaciones claves basadas en la evidencia presentada en este reporte son la necesidad de:

Reconocer la severidad del impacto Existe la necesidad de un mayor reconocimiento de la evidencia inequívoca del impacto sobre organismos marinos y costeros claves, ecosistemas y servicios aún bajo escenarios de bajas emisiones.

Acción política concertada y global para la protección del océano Existe la necesidad de coordinar las acciones a través de las convenciones globales respecto de cambio climático y protección ambiental

Manejo y protección comprensiva del océano Existe la necesidad de asegurar que rápidamente cerraremos las brechas en los regímenes de protección, como el de protección de alta mar

Evaluación actualizada de los riesgos Es necesario re-evaluar el riesgo del impacto del calentamiento oceánico y otros estresores puestos por la humanidad, sobre la viabilidad de las especies y ecosistemas involucrados, y la provisión de bienes y servicios que derivamos del ambiente.

Reducir las brechas en ciencia básica y capacidades Existe la necesidad de evaluar rápidamente la capacidad de las ciencias, para observar y modelar y las necesidad, a la luz de la amplitud de los cambios que ocurren con el calentamiento oceánico y otros estresores.

Actuar rápidamente para mantener opciones de futuro La preocupación en la comunidad científica que dados los incrementos de CO2 atmosférico, debemos reconocer que las opciones para el océano (es decir, mitigar, proteger, reparar, adaptar)  se reducen y se vuelven menos efectivas.

Alcanzar un rápido y sustancial recorte en los gases invernaderos La mitigación de los gases con efectos invernadero a escala planetaria, aparece como la solución global.

 

La evidencia en este reporte muestra una compleja historia de cambio en el océano, en desarrollo, que está empezando a impactar nuestras vidas. No es una simple historia de cambios en los arrecifes de coral, sino de cambios en ecosistemas y especies, a través de la geografía y en el mundo. Es un cambio profundo y que alcanza al planeta, conducido por el calentamiento del planeta y otros tensores que están operando a través de diversas escalas, en una forma que entendemos tan solo groseramente. Es crítico que seamos activos y reconozcamos estos temas y actuemos, o estaremos pobremente preparados para las incertidumbres de un futuro cambiante.


* neologismo para traducir la palabra stressors (estresores – tensores).

 

Pequeña lección de las hojas perennes

 

“Según Nakao*, la cultura japonesa no es única ni está aislada; tiene mucho en común con otras culturas de bosques de hoja perenne con gruesas y brillantes hojas de color verde oscuro. Nakao denomina a esta cultura como la <<cultura de hoja brillante>>, y la localiza en la parte norte del Sudeste asiático; desde Sikkim por el oeste, Myanmar y Vietnam del Norte por el sur y la Costa meridional de China por el este.” (Hiroshi Yamanaka citado en El mundo invisible de Hayao Miyazaki de Laura Montero, p. 117)

La duración de las hojas, el brillo y el grosor despiertan en Miyazaki una renovada percepción de su ser japonés. Una comprensión que le ayuda a apaciguar la belicosidad de su tradición y pasar a través de los vegetales a una cierta agro-cultura intelectual y creativa del enraizarse.
“Me sentí enormemente liberado y complacido cuando descubrí que todo aquello que fluía de mi estaba conectado al bosque de hoja ancha y perenne. Mi cultura iba más allá de la idiotez japonesa que empezó la guerra, más allá del Hideyoshi Toyotomi que invadió Corea, y más allá de La historia de Genji que tanto detesto. Fue entonces cuando me percaté de cuán valiosas son las plantas y cuán importante es la cuestión de la cultura climática para nosotros. Si llegáramos a destruir ese clima, perdería mi última conexión con ser japonés”. (Hayao Myazaki citado en El mundo invisible de Hayao Miyazaki de Laura Montero, p. 120-121)
Volvernos a la clorofila como un signo de lo más terráneo que somos, adentrarnos en la raíz como en un pie del que nace el clima, hacernos de nuevo en la duración de las estaciones, en la pasión por el sol, el agua vaporosa de las madrugadas, el titilar de la condensación nocturna sobre el suelo, en fin retornar al humus como si fuera el trabajo editorial de la tierra.

中尾佐助, Nakao Sasuke

…una forma de hablar que tiene la Pacha

La crisis ecológica es una forma de hablar que tiene la Pacha al humano. Le está diciendo: “oye, estamos mal, no podemos seguir así”. Un estornudo de la Pacha y se cae una ciudad o viene un tsunami o hay un terremoto. Entonces la conciencia de que estamos dañando tal forma al planeta ha hecho que cambie y que haya una recuperación de la espiritualidad, un salir del esquema secularizado, racional. Y está volviendo muy fuerte la búsqueda espiritual. Y además creo que es un error abandonar la espiritualidad para que las transnacionales new age hagan de ellos un negocio. La idea de que la espiritualidad es reconectarse con la tierra está mostrando que el proceso de desacralización no es irreversible.

silvia

océano-política

Varazón de machas

Varazón de machas. Cucáo, Chiloé. 2016

Efectos gubernamentales de un mar interior intensivamente asediado

Nuestra tarea de volver viva la materia sedimentada,  editorial y existencialmente, se encuentra afectada por mortales varazones en las costas patagónicas y chilotas.

La llegada del antropoceno – en que humus sitúa intelectual y afectivamente su trabajo editorial – apura el paso de nuestra labor, nos ocupa en la predominancia de lo imprevisible y controversial, proponiendo la actualidad de reflexiones supuestamente intempestivas: otras manifestaciones, otras lecturas, otras palabras.

Ojalá ya no pudiéramos hablar la lengua de los recursos, la extracción, las ganancias. Las tecnociencias y las disciplinas sociales requieren producir otras descripciones del presente. Sentencias que no dependan de la gramática de la catástrofe para convocar la vida planetaria sustentada entre otras cosas, en el trabajo del humus.