Diario de Campo_1

Los practicantes de la historia natural – versión S. XXI – se detienen a la orilla del camino a recoger el cuerpo de un ave de rapiña habitante de la zona, un Tiuque (Milvago chimango).

Las rutas son bordes y a la vez lugares de interrupción. En ellas se interceptan animales que se resisten a ser domesticados, sorprendidos por la velocidad automotora de los humanos, insectos, pájaros, mamíferos varios. Un buen lugar para comenzar la colecta de la exploración de Campo_1.

De allí a otro borde: el mar interior en una caleta intervenida con retroexcavadoras para enterrar las espías de amarre. Una colección de gaviotas, pelícanos y perros comiendo los esquelones de congrio arrojados a la orilla. El mar como basurero es también parte de esa noción de infinitud que tanto daño ha hecho al mar.

Jules Michelet, que creía en esa condición oceánica sin límites, reconocía sin embargo en el mar algo así como un agente, o un actante. En su libro “El mar” comenta a Mathew Fontaine Maury:

“Su libro (se refiere a The Physical Geography of the Sea, and its Metereology) escrito lealmente y de buena fe, deja vislumbrar fácilmente el combate interior a que se entregan dos espíritus: elliteralismo bíblico, que hace del mar una cosa creada por Dios de una sola vez, una máquina que se mueve al impulso de su mano, y el sentimiento moderno, la simpatía de la Naturaleza, para quien el mar es un ser animado, una fuerza vital y casi persona, donde el alma amante del Universo crea de continuo.”1

Difícil comprensión de esta bifrontalidad que también comparte Michelet. ¿Era acaso unlatouriano avant la lettre o más bien hoy estamos siendo Micheletianos sin saberlo?

Para reconocer la personalidad o diríamos, agencia del mar, es necesario volver a su finitud, su condición precaria y frágil. Buscamos un análogo simbólico a lo que ha representado el humo para entender la precariedad de la atmósfera, que nos ayude a entender la fragilidad del mar. ¿Cual podría ser el humo del mar? ¿Qué signo evidente podemos usar para reconocer que el mar se ha agotado, así como se ha agotado el aire?

¿Cuáles son las mediciones que permitirían converger en conferencias mundiales de protección y restauración oceánica?

  • Las manchas visibles en la superficie, los vertimientos de petróleo que empezaron a florecer en los 70: Exxon Valdez, marzo 1989, como símbolo de una larga serie.(verhttps://es.wikipedia.org/wiki/Derrame_de_petr%C3%B3leo) .
  • También las orillas han sido uno de esos sitios que desde hace años nos ha mostrado la basura acumulada sobre la superficie y devuelta a tierra. Pero hasta ahora se viene considerando como fenómeno marginal, bueno para limpiezas ecológicas domingueras solamente.
  • Algunos sitios fuertemente contaminados por depósitos submarinos o a la amenaza de los cementerios radiactivos, si bien han cuestionado esa ilimitada capacidad de recibir basuras, han mantenido su efecto sobre una localidad.
  • Finalmente los evidentes signos de desaparición de vegetación submarina, desploblamiento de zonas bien exploradas o el evidente bleaching de los arrecifes de coral, también cuestionan seriamente esa aparente vastedad.

Fuimos sorprendidos por el signo avasallador del agotamiento del mar interior en abril recién pasado. Una sacudida oceánica detectable en la concentración de VPM en moluscos, bajo un sistema regular de monitoreo de alimentos.

Carentes de un signo común para convencernos del fin de la infinitud oceánica, aún estamos en la controversia acerca del hecho ocurrido, que permanece aún deshecho, deshilvanado y desfondado.

Por eso, este movimiento hacia todo es naturaleza y “All you need is Lab”. Un solo movimiento común para intentar saber qué sucede, transformando este mar urbanizado y domesticado en un laboratorio. O al revés, moviéndonos nosotros como en un laboratorio extendido, publicando nuestro diario de campo.

Transformando la casa en una sala de microscopía, el teléfono en una cámara microscópica, el fin de semana, en una jornada de terreno.

Si los Science and Technologies Studies (STS) estremecieron algunas hojas del mundo, ¿porqué no nuestro deambular por esta Zona Crítica no podría dar origen a nuestro camino de CZStudies?

La última parada es entre rocas, algas y cuerdas entrelazadas en las sogas de amarre, en misteriosos cubículos de metal oxidados.

Recojemos agua de mar: la muestra de las olas que chocaban en los roqueríos mostró sólo fragmentos de algas; las aguas más turbias, tomadas de pocitas entre las rocas, un despliegue de vida animal y vegetal veloz.

En la orilla un grupo de jóvenes practica sobre kayaks de plástico. Ellos y nosotros empeñados en ejercicios de saber precario, local, liviano y microscópico.

Humus editores

1Jules Michelet. El mar, 1861 (disponible en https://goo.gl/1SBTyG)