Carbón: humos y miradas en el S. XIX Chileno

A principios de los años 40 del siglo XIX se inician las primeras explotaciones carboníferas
en Talcahuano (Las Vegas 1841 y Los Morros 1842), marcando la entrada de Chile en el uso de
combustibles fósiles. El primer demandante de carbón mineral fue la navegación a vapor. Pronto se agregó el ferrocarril, en la línea que conectaba los minerales de plata de Copiapó con el puerto de Caldera en 1852 y el despliegue de vías a partir de la creación de una empresa estatal en 1859.

En las fundiciones de cobre el carbón es incorporado masivamente, cuando el mercado mundial enfrenta un incremento de precio del metal a partir de 1854 . En 1852 Matías Cousiño adquiere las minas de Lota y se transforma en el principal controlador de la industria (Ortega, 1982).

Humo y hollín, motores de vapor, velocidades y fábricas empiezan a dibujar un nuevo mundo,
con ciudades marcadas por la paleotécnica. La vida cotidiana, las percepciones, el orden de las
cosas se recompone. En el grano fino de los días aparecen trazas y trazados de carbón mineral en los cielos, papeles y palabras.

Visto Coketown desde lejos con semejante tiempo, yacía amortajado en una nebli-
na característicamente suya, que parecía impermeable a los rayos del sol. Se advertía
que allí dentro había una ciudad, porque era sabido que sin una ciudad no podía
existir aquella mancha fosca sobre el panorama. Un borrón de hollín y de humo,
que unas veces se inclinaba confusamente en una dirección y otras en otra: que unas
veces ascendía hacia la bóveda del cielo y otras reptaba sombrío, horizontalmente
al suelo, según que el viento se levantaba, caía o cambiaba de cuadrante; una masa
densa e informe, cruzada por capas de luz que ponían únicamente de relieve amon-
tonamientos de negrura; así era como Coketown, visto a distancia, y aunque no se
descubriese un sólo de sus ladrillos, daba indicios de sí mismo.(Dickens, 1969)

En Chile, las señas de estos cambios viven en la literatura de nuestro Subterra. Pero tal vez, también en el geográfo Hans Steffen (Steffen, 1942), que al ver los glaciares derretirse en nuestras cordilleras o los bosques inundados, argumentó que el nivel de las aguas había subido por los glaciares en retroceso. Steffen de algún modo está percibiendo el carbón, el CO2 y el calentamiento en nuestra geografía.

La historia de las miradas al mundo que se abría con el despliegue del carbón en Chile, puede
revelar claves significativas para comprender el presente, para entrenar nuestra pupila.
Van Gogh combinó cielo y humos, chimeneas y mujeres con suecos de madera, dobladas por la carga de los sacos de carbón, nieve y hollín. La inspiración carbonífera de Vincent no fue solamente una imagen de la oscuridad, la persistencia en los signos sucios y opacos de la  negrura, sino más bien la fuerza para una apasionada búsqueda de luz y cielo, de color y brillo, en medio de una época que al igual que hoy, impregna de humos, de CO2, de pesticidas, los suelos y los cielos.

Aquellos que miraron nuestro antropoceno carbonífero, como Lillo, como Alcalde, como Stef-
fen, han dejado abierto un surco para los que hoy buscan señas,a visibilidad de las extinciones,
de los plásticos en el borde mar, del retroceso de los glaciares. Para también situarlas como señales indiciarias de un presente en el que hay lugar para la luz, para las cosas vibrantes, pero sólo al precio de hacer visible nuestras dificultades.

De alguna manera en las palabras introductorias de Jaime Concha a la edición de la obra de Lillo, están las primeras líneas para preguntarnos por las miradas posibles en Chile del antropoceno carbonífero:

La experiencia del Borinage, una de las más decisivas en la juventud de Van Gogh,
fue la que más lo instó a seguir su camino como pintor. Las imágenes que allí captó,
bajo el signo de la angustia y del horror, nunca desaparecerán de su pintura. Trans-
formadas, desplazadas, condensadas en otros objetos de su fascinante pintura, evo-
carán todas, en mayor o menor grado, el mismo infierno original (Jaime Concha.
Lillo y los condenados de la Tierra en Lillo (2008))

Humus editores, 24 de julio de 2017

Referencias

Dickens, C. (1969). Tiempos Difíciles. Centro Editor de América Latina, Buenos Aires.

Lillo, B. (2008). Obra Completa. Universidad Alberto Hurtado, Santiago.

Ortega, L. (1982). The first four decades of the chilean coal mining industry, 1840-1879. Journal
of Latin American Studies, 14(1):1–32.

Steffen, H. (1942). Patagonia Occidental. Las cordilleras patagónicas y sus regiones circundantes. Ediciones de la Universidad de Chile, Santiago.